Frunce el entrecejo y acompaña cada palabra apuntando con el dedo índice, quizás, como en viejas épocas del arbitraje: Los vecinos de la Capital necesitan que se haga cumplir la ley.
¡Con- la -ley! ¿Tan difícil es hacerlo? ¡Por supuesto que no!". Así, con ese rostro serio que inspira cierta distancia, Javier Castrilli muestra sus cartas en su apuesta por posicionarse en la heterogénea oferta electoral porteña para ser jefe de gobierno, cargo que hoy ocupa Mauricio Macri. El sheriff , apodo que se ganó en el fútbol por la rigurosidad de sus fallos sin distinción de figuras y su controvertido autoritarismo, será el hombre fuerte en la Capital de Mario Das Neves, el gobernador de Chubut que aspira a quedarse con el sillón de Rivadavia.
Castrilli, nacido hace 53 años en Caballito, comenzará el viernes próximo a recorrer los barrios de la ciudad en plan de campaña. Su estrategia -liderada por Fernando Bustelo, ex concejal porteño por la Ucede en el período 89-93- estará, en un principio, vinculada con el fútbol. Y buscará diferenciarse de Macri: "Es la hora de Buenos Aires" y "Castrilli le saca tarjeta roja a los problemas de la ciudad", dirán algunos de sus spots publicitarios. Usufructuar ese perfil popular futbolero del hombre apegado a la ley, será, entonces, utilizado por el equipo de Das Neves para ganar a un electorado que quiere más orden y control en la Capital.
El plan de Castrilli es cuestionar a Macri, aunque sin distanciarse demasiado de su línea de gestión. Si el amarillo es el color que identifica hoy al Pro, para Castrilli, la tarjeta roja será el símbolo para marcar las cosas que están mal en la ciudad; y la tarjeta verde, para apuntar las propuestas. "El amarillo es una advertencia; en cambio el rojo es expulsión; es terminar con los problemas. Nosotros iremos a fondo con las cosas que Macri no hizo", apuntan los asesores del sheriff .
Castrilli muy de vez en cuando sonríe. "Macri decepcionó a la gente. Hizo varias cosas bien, pero se quedó a mitad de camino. Y yo quiero darle a los vecinos el orden que hoy se necesita. No puede ser que haya tanta basura en las calles; que haya tantos piquetes; tantos problemas con el tránsito.", sostiene quien fuera titular de la subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos durante toda la gestión de Néstor Kirchner y parte de la de Cristina Fernández. Allí libró batalla para que los clubes argentinos coloquen butacas en todos los estadios, como lo pedía la FIFA. Pero quien era su protector, Aníbal Fernández, le quitó el apoyo y decidió renunciar en 2008.
El ex árbitro -que dirigió varios encuentros que terminaron en escándalos- cuestiona con dureza al mundo político, aunque lo excluye a su mentor, Das Neves. Y no se distancia demasiado de las habituales promesas de campaña que poco puede explicar cuando se lo inquiere sobre cómo hará para cumplirlas.
Se imagina una ciudad sin ciclovías en los barrios, una policía Metropolitana en proceso de expansión y subtes con aire acondicionado. "¿Cómo puede ser que ningún funcionario, que le hace ganar millones de pesos a las empresas concesionarias, haga poner aire acondicionado en el transporte público? ¡Cómo puede ser!", dice, en tono alto, con visible enojo que este interlocutor no logra distinguir si es genuino. Aunque quienes lo rodean, sí lo apuntan: "Castrilli es así: pasional, se vuelve loco cuando ve estas injusticias y tiene muy claro lo que quiere hacer".
La cuestión es: ¿Podrá Castrilli tener un lugar en el abanico de oferta electoral de la ciudad? Referentes del macrismo y del arco opositor porteño sostienen que Castrilli no es hoy una amenaza. Para Das Neves, en cambio, es la carta con la que jugará fuerte en la Capital. Es una figura que le inspira confianza. Aspira, al menos, a hacer una discreta elección que le permita, incluso, tener algún diputado en la Legislatura porteña. Pero ni el gobernador de Chubut ni su equipo se animan a hacer futurología: ni siquiera han medido qué nivel de aceptación tiene Castrilli en la gente. Apuestan a la popularidad que le dio el fútbol; a la imagen de hombre duro, atado a la ley, que le sacará la tarjeta roja a Macri. Aunque se sabe que necesitará mucho más para aspirar a pelear en una contienda electoral que promete ser más reñida que hace cuatro años.
Por Pablo Tomino
Especial para lanacion.com
En Twitter: @prtomino