Excursiones grupales con el foco puesto en aprender a capturar el momento; consejos, equipo y más para esos viajeros que nunca salen sin su cámara
La palabra safari proviene del swahili y significa viaje. Suele evocar, claro, la puesta en escena hollywoodense de paisajes selváticos y arriesgados cazadores al acecho de animales exóticos. Hoy, sin embargo, el término fotosafari se refiere a salidas grupales que poco tienen que ver con la cacería mayor, más allá de la captura de imágenes, que son las únicas presas.
En la Argentina, una de las pioneras en esta actividad es la fotógrafa Marta Strasnoy, que comenzó en 1994 a hacer salidas prácticas con alumnos y formalizó los safaris en 1996. "El primer destino fue Navarro, recuerdo visitar la pulpería de Juan Moreira, la estación de trenes... Siempre trato de mezclar naturaleza e historia. Ese es el concepto general de nuestras salidas", explica Marta. Además se presenta como la primera mujer argentina con credencial de reportera gráfica, profesión que ejerció toda su vida y hoy devino en la docencia. Quince años de safaris la han llevado a fotografiar en equipo distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y el resto del país, así como Uruguay, Perú, Colombia, Cuba y, próximamente, una ruta que unirá Lima, Guatemala y Costa Rica. Al regreso de cada viaje, el grupo vuelve a reunirse para evaluar las fotos de cada uno, editarlas y hasta hacer una selección para montar una eventual exposición en algún bar o centro cultural.
Diego Arranz y Haydée Reiris crearon en 2000 Fotoescape. Como su nombre lo indica, su propuesta es de escapadas con objeto de entrenar el ojo fotográfico en lugares poco frecuentados por el turismo. "Tratamos de desligarnos del típico tour, queremos que los participantes se encuentren con un buen bagaje cultural, algo que considero importantísimo y que termina reflejado en las fotos", explica Arranz.
Los destinos favoritos de Fotoescape son los pueblos rurales, generalmente dentro de Buenos Aires, que permiten salidas de un día completo, con todo incluido. Para el fotógrafo y docente, retribuir a los habitantes de cada lugar todo lo que reciben en las visitas es una parte fundamental del programa. Por eso la escuela que dirige junto con Reiris organiza talleres de fotografía para chicos de zonas rurales y, junto con los asistentes a los fotosafaris, montan muestras en los lugares visitados, con las fotos allí producidas, engalanando algún festejo del pueblo inspirador.
Si bien el 80% de las salidas son dentro de Buenos Aires, para este año están programados viajes a Montevideo, la Patagonia argentina y chilena, y posiblemente las Islas Malvinas.
Horacio Baldi es un aventurero nato. Los viajes que organiza dan cuenta de eso. Comenzó en 2003 con la idea de brindar algo diferente, primero como una oportunidad para viajar con fotógrafos amigos, que pronto se convirtió en una convocatoria abierta para quien gustara de la fotografía y, por supuesto, la aventura. Argentina Fotográfica, como bautizó al emprendimiento, cuenta con equipamiento satelital y camionetas todoterreno, que le han ayudado a Baldi incluso a abrir sus propios caminos en zonas inexploradas.
"La experiencia tiene dos alcances. Uno a nivel turístico y fotográfico muy especial, porque vamos a lugares que no están vistos. Otro, a nivel de una vivencia particular, porque estamos en contacto con gente alejada de la gente... Eso moviliza mucho por dentro", explica. Sus servicios pueden contratarse en grupo o privado, personalizando aún más la experiencia. En su hoja de ruta, entre los próximos destinos se encuentran el desierto de Atacama, los caminos del oro en las Altas Cumbres cordobesas y Machu Picchu, en Perú.
Si la idea es aprovechar el viaje para descubrir nuevos destinos y a la vez hacer un curso intensivo de fotografía, la propuesta de Ada Sacchi y Darío Rial es ideal. "Los safaris están dentro de las actividades que hacemos con nuestra escuela, pero están abiertos a todos los aficionados a la fotografía", comenta Rial, y agrega que cada viaje tiene un eje temático, como puede ser fotografía documental o de paisaje, entre otros. Los fotosafaris que organizan están orientados no sólo a conocer un lugar, sino a incorporar conocimientos a nivel técnico y profesional, aun si los asistentes son aficionados. Por eso, antes de partir brindan charlas instructivas sobre el destino y las posibles técnicas por implementar.
Si bien no hay exigencias de equipo fotográfico, Rial recomienda viajar con uno básico, pero que permita tener algún control sobre las funciones, para que la limitación no la ponga la cámara. El viaje resulta toda una experiencia en sí misma, donde además de descubrir un destino con mirada fotográfica, indefectiblemente se suman conocimientos, ya que los docentes acompañan y guían, casi como en un taller de fotografía intensivo.