¿Por qué el Correo? ¿Por qué saber que el majestuoso edificio es el eje de un proyecto faraónico y de final incierto ha despertado tal interés en la opinión pública? ¿Es, acaso, la intervención en esta pieza clave de nuestro patrimonio, con un gasto de $ 1000 millones, una señal de alerta capaz de despertar la conciencia ciudadana?
Ex empleados del Correo, estudiantes de telecomunicaciones, ebanistas, vecinos, arquitectos y estudiosos del patrimonio de acá y de todas partes se hicieron eco de la voz de alerta, cuando el edificio industrial sobre la avenida Corrientes exhibía ya un enorme vacío tras la demolición de las plantas de clasificación, inspiradas en el correo de Nueva York a comienzos del siglo XX.
En 1888, el cordobés Ramón Cárcano, director de Correos de la Nación, recibió el terreno sobre Paseo Colón, que había sido rellenado con las obras del Puerto Madero, para levantar el Correo, emblemático edificio que junto con bancos y estaciones de trenes, marcó el ingreso de la gran metrópolis en la modernidad. La primera consulta de Cárcano fue a Francisco Tamburini, arquitecto de Roca y Juárez Celman, que había proyectado la Casa Rosada. El italiano admitió lo complejo del desafío y el encargo terminó en manos de Norbert Maillart, graduado en la Ecole de Beaux Arts, segundo Premio de Roma. Cárcano no pierde el tiempo y Maillart viaja por el mundo para conocer la nueva tecnología que hace de las telecomunicaciones el pulso vital de la civilización. El Correo conecta con el mundo en una ciudad remota, pero está también en el imaginario colectivo asociado a la carta tan esperada, al telegrama tan temido, a las primeras estampillas de colección, a la libreta de ahorro postal.
El modelo, inspirado en el correo neoyorquino, tiene dos caras: palaciega sobre Sarmiento; industrial con plantas tipo lofts sobre Corrientes. Los cimientos, por la poca resistencia del terreno ganado al río, fueron fortalecidos con una colosal estructura de acero importada de Estados Unidos, compuesta por miles de columnas y vigas. Con la demolición de los pisos de la planta industrial ha quedado un gran vacío que albergará una enorme sala de conciertos. Operación difícil y costosa que pone en riesgo la estructura histórica.
¿Por qué intervenir en una pieza de esta magnitud, cuando se puede crear nuevo patrimonio, como el auditorio Renzo Piano en Roma, en otro emplazamiento?
Alicia de Arteaga
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