El actor cuenta cómo llegó al éxito de la calle Corrientes, superando un raro trauma.
En general, yo prefiero tener grandes sueños y no cumplirlos, y, en cambio, cumplir lo más seguido posible sueños chiquitos. Es que lo más importante de tener sueños es ese golpe al corazón que produce alcanzarlos. Ese sentimiento es siempre más importante que el logro mismo", piensa, en voz alta, Mauricio Dayub. Y concluye: "Creo que por volver a sentir eso es que volvemos a soñar." Será por eso que a la hora de elegir un sueño cumplido para contar, el actor prefiere pasar casi de largo el momento en el que se descubrió autor. "Yo quería escribir. Me pasaba días imaginando qué podía escribir. Me armaba el escenario, el ámbito, me sentaba, escribía dos frases, y a los diez minutos había terminado de escribir todo eso que había estado rumiando durante días en mi cabeza." Dayub habla de una falta de caudal de escritura que desapareció cuando comenzó a escribir El amateur. "La sensación fue increíble", dice, mientras recuerda sus madrugones para retomar donde el día anterior había dejado alguna idea a mitad de camino. "Tiempo después leí que esa es una técnica que usan algunos escritores. Pero yo la puse en práctica por intuición, y por el miedo a que no me sucediera lo que ya me había pasado tantas veces, antes", explica.
Todo lo hacía mientras los roles como actor se iban sucediendo uno a uno. Todo lo hacía por puro placer. A punto de que confiesa que los volcaba a su cuaderno como un guión de cine. "¿Por qué? Porque sin ser director de cine, y sin imaginar el acceso a un crédito, ni se me ocurría que podría estrenarlo alguna vez", expone como argumento de un método que lo eximía de cualquier tipo de presión.
Sin embargo, la historia creció, mutó a un formato teatral, y se convirtió en el primera de las tres obras que Dayub lleva puestas en escena. Todas, bajo la estricta prohibición del uso de trajes, armas, teléfonos, cigarrillos y whisky. "Cuando, mientras escribía la más reciente, El batacazo, logré sostener esa condición, me sentí plenamente un autor", reconoce.
De los cinco elementos, lugares comunes si los hay en la literatura teatral, el actor-autor elige el traje como emblema de lo que en sus épocas de estudiante de teatro. Tiempos en los que "lamentaba que las historias que tenían éxito en la calle Corrientes tuvieran siempre un protagonista vestido con traje y corbata, en el living de una casa, con un gran sillón, al que entraba y decía: `Querida’, para dar comienzo a un cuadro. Y me daba pena pensar que si algún día me llegara a tocar a estar en ese lugar, tendría la obligación de actuar como actúa una persona con traje".
Esta vez, el por qué lo plantea el entrevistador. Y la respuesta es inmediata: "Para mí, el traje limitaba. En mi percepción se repetían las pocas acciones posibles. Prenderse y desprenderse, ajustarse y desajustarse, y meterse la mano en los bolsillos. En eso consistía lograr el éxito. Un éxito con el que no podía soñar." Pero hace unos meses, alguien le dio a leer Toc Toc, de Laurent Baffie, y el actor se chocó con la limitación que le imponían sus propias restricciones. "En la primera página, el autor aclara que mi personaje está en el consultorio, de traje, corbata, ¡y chaleco! Lo primero que pensé fue `¡Uh!’. Un `Uh! raro reflexiona-, que me planteaba un desafío. De pronto, sentí que había llegado la hora de ponerme el traje del que tanto aborrecía, pero que al mismo tiempo suponía que me daría el éxito. Me daba la sensación que lo negativo del traje tenía algo positivo. Y que rechazarlo era rechazar la posibilidad de lograr el éxito en la calle Corrientes." "Me vino el recuerdo de tantos protagonistas que había admirado y que habían tenido que arreglárselas de esa manera. Por un lado, eso desalentaba la lectura. Por otro, una extraña sensación de éxito me invadía. Porque, ya lo dije, el éxito llega casi siempre de traje y corbata. Es más, en los últimos tiempos también estuvo llegando de frac, con ropa de entrega de Oscar ya sabemos que acá siempre gusta lo que se usa en el Norte-", monologa el actor, que aceptó el reto.
"Lo primero que hice fue soslayar todas las acciones que corresponden a un señor de traje. Construí un hombre de traje que durante la hora y cuarenta que dura la obra no se mete las manos en los bolsillos, no se prende y desprende los botones y no se toca la corbata", resume.
Y con el resultado puesto de la sala a pleno función tras función, cierra: "Ahí es donde se cumple mi sueño. El sueño de lograr cada noche lo mismo que los otros, pero con los mismos elementos que siempre defendí. El sueño de haber alcanzado aquel éxito en la calle Corrientes que tan lejano se me aparecía en mis tiempos de estudiante, pero a mi estilo. Haciendo las cosas como quiero, aunque sea metido en un traje, y con corbata."