Hace tiempo leí en LA NACION una nota titulada Motín en un crucero a Malvinas. Felicito al capitán de ese barco, el Silver Wind, por haber tomado a tiempo la decisión correspondiente y evitar llegar a Malvinas, ante una situación de riesgo.
Mi nota debería llamarse Pánico en un crucero a Malvinas.
El Veendam, barco de la línea Holland América, el 12 de diciembre pasado se dirigió a Malvinas. Al salir fue tomado por un mar embravecido y un fuerte viento que dificultaban el acceso de los ocupantes al barco.
Con el paso de las horas, el viento pasó a huracán (120 km por hora) y las olas llegaron a los 30 metros, alcanzando el puente 12. Hasta tal punto que al día siguiente, a la 19, el capitán solicitó que nadie saliera de su cabina y que quienes estaban comiendo volvieran a ésta. Esta fue una de las pocas veces que el traductor explicó lo que decía el capitán. En general, hablan en inglés, olvidando que recorren América del Sur y en la mayoría de los países el idioma es el español.
El 14 de diciembre, al aproximarnos al Canal de Beagle, el temporal comenzó a amainar; habían transcurrido 36 horas de terror.
En los peores momentos, recordaba el ridículo simulacro de salvamento, sólo para cumplimentar mal una disposición internacional. También se realizó en inglés y ni siquiera se hizo una demostración de cómo ponerse el salvavidas.
No ir a Malvinas hubiera evitado todos los problemas que se suscitaron y conocer aquello que quedó sin ver.
En la zona ya se había pedido auxilio, el 8 de diciembre, por un barco más pequeño que debió recibir ayuda.
Pienso que el capitán subestimó el clima y que en general deberían prohibirse los cruceros más allá del Canal de Beagle. Los capitanes no conocen estas aguas y el riesgo de vidas es muy grande. Este no fue el primer caso, espero que sea el último.
La furia de la tormenta se puede apreciar en YouTube.com, con el título Cape Horn Storm .