En septiembre tuve la oportunidad de viajar con dos amigas, Andrea y Mercedes, al sur de la Patagonia: Ushuaia y El Calafate.
Era un viaje pendiente; había visto fotos, filmaciones, etcétera, pero quería comprobar por mí misma cómo era ese paisaje.
Transitamos por la ruta 11 haciendo 80 km hasta el Parque Nacional Los Glaciares, cuando en una de sus curvas se nos presentó imponente la primera vista panorámica del glaciar Perito Moreno; allí es donde los sentidos comienzan a despertar.
¿Cómo no sentirse conmovida ante esa pared de hielo inmensa, profunda, con esos azules intensos? ¿Cómo no quedarse muda y en silencio al ver esas masas de hielo que nos muestran su presencia y lo infinitamente pequeñas que somos ante la naturaleza? Sólo se siente el silencio.
El parque es un deleite para los sentidos y cada glaciar tiene su particularidad, del extenso Perito Moreno al imponente Upsala, que lamentablemente sólo se puede observar a distancia, ya que los desprendimientos de hielo no permiten acercarse desde hace dos años.
Se siente un frío intenso al observar las masas de hielo que bajan por las laderas, y a la vez el calor de vivir algo fuerte en el corazón.
En el barco, un sinnúmero de voces extranjeras se quedaban en silencio, de repente, ante esos bloques de hielo, o gritaban cuando rugían con sus desprendimientos. Así es el glaciar y lo que uno siente.
Deseo destacar el nivel profesional del personal de turismo en el Sur, puntual con sus traslados, contrataciones, excelentes guías de turismo, etcétera. Se nota que se trabaja para lograr la mayor satisfacción de los turistas nacionales y extranjeros.