Punta, gasolera: llegan turistas del interior y veranear sale 35% menos
Las celebridades se fueron y los precios bajaron, sobre todo hoteles y alquileres.
Si ayer a la tarde uno se paraba sobre la arena de la parada ocho de La Brava solamente escuchaba el sonido del mar, las gotas cayendo y el ruido que hacían los obreros de un enorme edificio en construcción.
La playa estaba vacía.
En el último día del mes llovió como no había llovido en todo enero. Gotas turgentes, obesas, desbordantes . A la mañana, la tormenta se anunciaba con algunas nubes grises. Cerca de las tres de la tarde, el termómetro del aeropuerto marcaba 31 grados. Después del agua, el aire se fue enfriando. Sin embargo, con la llegada de febrero, el clima no fue lo único que cambió en Punta del Este.
Las celebridades se fueron , el glamour que caracteriza a la Saint Tropez latinoamericana amenguó, los precios bajaron. Si bien una pizza sigue costando hasta unos US$ 20, los descuentos en hotelería y alquileres oscilan entre 20 y 35% .
“Está bien delimitado –dijo Fernando Massa, presidente del Centro de hoteles de Punta del Este–. En enero hay un público variado: joven, con mayor poder adquisitivo. Mientras que en febrero, con precios más bajos, el público es familiar ”. Algunos locales de ropa, con el cierre de temporada, también se sumaron a los descuentos: se consiguen chombas que valían US$ 80 a US$ 40. Desde las vidrieras, repetidos carteles rojos anuncian “big summer sale. 20/30/40/50% off”. En Valentino, por ejemplo, un exclusivo vestido beige de tela suave y breteles con moñito pasó de costar US$ 1.200 a US$ 960.
Si bien los números son altos, la rebaja es importante.
Y aunque todavía se ve a algunos con precintos fosforescentes –la marca de haber podido entrar a una fiesta exclusiva– ayer, en el shopping, atiborrado de gente por la lluvia, la mayoría eran familias. El santafesino Darío Botta esperaba a su mujer María Inés que se entretenía comprando junto a Guillermina (11) y Delfina (6), sus dos hijas. “A la mañana fuimos a José Ignacio, paseamos por La Barra pero al ver que se venía la tormenta, vinimos para acá”, contó el hombre que llegó el sábado desde Rafaela.
“En febrero la mayor parte de los turistas siguen siendo argentinos pero ya no tanto de Buenos Aires .
El 80% es del interior ”, precisó Héctor Araujo, presidente de Liga de Punta del Este Fomento y Turismo, y explicó que el dato se desprende de los registros hoteleros.
El resto son brasileños.
También hay chilenos: en febrero empieza su época de vacaciones. Massa dijo que, pese a todo, a esta altura del año el fuerte es la clase media y media alta argentina.
“El domingo en La Mansa encontramos mucha familia: chicos jugando en el agua. Y hoy a la mañana, antes de que se largara la tormenta, pasamos por La Brava donde vimos gente mayor o parejas”, indicó Mario Moine, de Paraná, Entre Ríos, que también paseaba por el shopping con su mujer Eugenia mientras sus hijos Emanuel (2) y María (4) disfrutaban embelesados unos chupetines paleta. “Los más jóvenes aparecen después, a la tarde, se toman una cerveza con la caída del sol”.
Otros que también daban vueltas, visitaban negocios, arrastrados por el ímpetu consumista de Agustín (7) y Solana (10), los miembros más chicos de la familia, fueron los Turano, de Gualeguay, Entre Ríos. Sala de juegos, helados, golosinas, compra de juguetes se sucedieron sin interrupción en la tarde nublada del primer día de vacaciones. “Venimos a Punta del Este desde hace quince años. Siempre en esta fecha. O en la última semana de enero. No hay tanto tránsito, ni mucha gente y tampoco tenés que hacer colas”, explica Zulma Frizzo, la madre de la familia.
En dos autos –también vino el hermano de Zulma con su esposa e hijos–, los Turano recorrieron los algo más de 600 kilómetros que los separan de la costa esteña. Optaron por un hotel. El mismo de siempre. “ La diferencia de precios entre un mes y el otro se nota más que nada en el alojamiento.
Pero cuando salís a comer afuera es lo mismo”, dijo ella, que durante el año trabaja como empleada de una farmacia. A eso de las ocho dejó de llover. Era tarde para volver a la playa.
Por Federico Bianchini
Punta del Este. Enviado Especial