Poner al mundo del arte bajo sospecha y convertir a los galeristas en potenciales espías de sus clientes, según lo establecen las últimas medidas tomadas por la UIF (Unidad de Información Financiera) no es una buena noticia. Bienvenidas la transparencia y las cuentas claras, pero ¿de qué mercado estamos hablando?
Lejos de los volúmenes de venta del supermercado internacional, la plaza local, en un muy buen año como 2010, suma con las ventas acumuladas de nueve casas de subastas menos de 20 millones de dólares, menos de lo que vale un Matisse de pequeño formato.
Las ventas privadas registradas en las galerías y en las ferias no llegan ni por asomo a esta suma, sin olvidar que muchos galeristas hubieran cerrado el año con números en rojo, si no hubieran desarrollado estrategias de promoción para animar a los compradores indecisos.
Con viento a favor, el balance de 2010 confirma que en términos económicos no es el arte en la Argentina un coto de caza para lavadores de dinero, aunque su área de influencia haya crecido y sea el nicho elegido por muchas marcas de alta gama para posicionar sus productos.
Esa es otra cuestión. Hay mucho más público, interés genuino y, también, nuevos compradores en busca de la oportunidad y compradores apasionados que quieren convivir con el arte porque sienten que esa frecuentación es mucho más gratificante que la plata guardada en la caja o en el colchón.
Otro cantar es lo que sucede fronteras afuera.
Christie's anunció la semana última que en 2010 marcó el volumen de ventas más alto de sus 245 años de existencia: 5000 millones de dólares. Esto representa un incremento del 55% en las ventas, con el 28% de las operaciones realizadas on line. De esta manera la rematadora que preside el magnate francés François Pinault se coloca a la cabeza de los negocios de arte.
Pinault sabe de qué se trata.
El mismo es el mayor coleccionista de arte contemporáneo de la actualidad, tiene su propio museo en la vieja aduana de Venecia, refuncionalizada por el arquitecto Tadeo Ando, donde exhibe parte de su colección, y una galería en Londres que marca la agenda de lo último.
Muchos años atrás, la rubia Dede Brooks, CEO de Sotheby's, dejó caer en rueda de prensa una frase que vale mil palabras: "Comprar arte es un estado de ánimo". Un comprador animado por el clima de un remate conducido por un martillero habilidoso puede terminar pagando lo que no pensaba para llevar el "trofeo" a casa.
Salvo excepciones, en nuestro país, no hay coleccionistas dispuestos a pagar sumas millonarias por un cuadro y cuando los hay, caso Eduardo Costantini, concretan sus compras en el exterior, en los remates de Nueva York donde compró Abaporu, de Tarsila de Amaral, y Autorretrato con loro, de Frida Kahlo, y Chelsea Hotel, de Antonio Berni.
Por último, un dato no menor recogido por un operador con experiencia: el total de ventas de arte de un año en la Argentina es la mitad de lo operado en una rueda del Merval. ¿De qué mercado estamos hablando?
Alicia de Arteaga
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