Hija de un empresario del cuero, Gagliardi creó su marca de carteras
Ser hija de un reconocido industrial le abrió las puertas hacia el mundo de las carteras, a través del cual despertó una creatividad desconocida que la llevó a crear la marca que lleva su nombre, Lu Gagliardi.
Luciana Gagliardi, de 39 años, se crió entre cueros en la fábrica de su padre, que produce ropa para exportar. "Desde chica iba a la fábrica. Empecé comprando sándwiches, pasé por el área de corte, de máquinas, puse broches. Era genial. Mi padre me hizo pasar por todos los sectores y así me fui metiendo en tema y aprendiendo absolutamente todo", afirmó.
Fue un camino de prueba y error. Gagliardi comenzó a los 23 años con el lanzamiento de una colección de ropa que no perduró. "Fue más que nada una cosa de nena caprichosa porque no sabía nada de moldería, pero de ahí aprendí", señaló. A los 27 se hizo cargo de la producción de camperas de cuero dentro de la fábrica de su padre. "Ahí tomé un lugar más protagónico en la fábrica", indicó.
Luego de esa experiencia, un conocido del padre la contactó con dos francesas que hacían joyas en Estados Unidos y que querían comenzar a fabricar carteras. "Hace cuatro años me llegó esta oportunidad de hacer carteras para exportar a Estados Unidos, y como ya me había lanzado a diseñar y lo hacía bastante bien, sentía que estaba preparada y quería enfrentar ese desafío", explicó.
Diseñar y producir carteras con las francesas fueron sus primeros pasitos. "Ellas son las que a nivel diseño más me abrieron la cabeza para animarme a jugar con texturas y cueros diferentes, y a no tener miedo a lanzarme sola. Llegó un punto en el cual consideré que ya estaba lista y me la jugué, porque mi idea era crecer", dijo. Así fue como en diciembre de 2009 nació Lu Gagliardi, su propia marca de carteras y accesorios que en 2010 tuvo una facturación de $ 450.000.
Convencida de que la cartera le da el toque final a la mujer, Gagliardi comenzó, asociada con su padre, a vender a través de representantes mayoristas que llevaban sus muestrarios por todo el interior. Con una inversión de $ 200.000, los resultados fueron rápidos y sorpresivos. "Empezamos tan bien, con cuentas en varios locales del interior y de la Capital Federal, que en marzo decidimos abrir el showroom en Belgrano R para minoristas", agregó.
Clientes exigentes
A pesar de la buena respuesta, tuvo que adecuar los diseños que acostumbraba a hacer para EE.UU. en función del mercado local. Poner cierres y no ganchos en las carteras, asegurarse de que tengan muchos bolsillos, de que no tengan tantos brillos y otros detalles, fueron algunos lineamientos que tomó de sus clientas. "Creo que ellas te van exigiendo y marcando los pasos. A mí me los marcan, no quizás en el diseño, pero sí más o menos en cómo tiene que ser mi colección, adónde tengo que apuntar", explicó.
"La gente es refiel a la marca y yo trato de hacer una cartera de muy buena calidad. Tengo claro dónde posicionar mi marca", indicó.
Con una línea de carteras joven que mezcla flecos y tachas para chicas de 20 años, y otra para mujeres de hasta 50, 60 años, Gagliardi define: "No hago carteras estructuradas, en realidad son bastante mórbidas. La gente pide y yo me voy animando más, por eso ahora tengo una colección de sobres para noche".
Planea abrir tres locales para este año: uno en marzo en Palermo, otro en San Isidro y otro en Barrio Norte. Quiere tener franquicias y exportar. No se queda sólo con las carteras; también suma cinturones y billeteras. Además, está desarrollando camperas de cuero y planea hacer zapatos. "Me animo a todo esto porque sé que el producto es de buena calidad y veo que la respuesta es buena. Estoy feliz de haber hecho las cosas como las hice. Con mi familia siempre embarcamos los negocios a lo grande y eso fue un error. Los negocios tienen que empezar de a poco y crecer a medida que el público te lo pide", concluyó.