La música del Mississippi toma por tres sábados el escenario de La Trastienda
El blues es como el tango, espera paciente a que cedas a su embrujo. No es oportunista ni hace campaña para sumar adeptos. Más bien está ahí cerca, con su rica tradición centenaria lista para ser degustada. Y como en el comienzo de esta historia, el Primer Festival de Blues de Verano de Buenos Aires está marcado a fuego por las mujeres. La visitante más ilustre, Nina van Horn, se presentará mañana en la primera de las tres noches, y entre la extensa grilla de figuras locales se distingue la ex Blacanblus Cristina Dall. ¿Eso es todo? No, dos jóvenes productoras son las quijotas de este encuentro que busca reubicar al blues entre las músicas predilectas de la ciudad.
"Sueño despierta, me puedo elevar", canta Cristina Dall en un tema nuevo que nos pasa por mail ("Sueño despierta"), para escucharlo comprimido pero para imaginárselo en La Trastienda, expandido en la noche, en ese mismo espacio que la Dall pisó una y mil veces con Blacanblus. "Con las chicas hicimos trastiendas a morir, después el lugar cambió bastante. Cambió la gente, la onda, y también el blues fue perdiendo peso", cuenta ella, desde hace unos años acompañada por Los Excipientes (Leo Leonardi en batería, Diego Dall en bajo y Pablo Ferraro en guitarra) y con un disco propio bajo el brazo, Asunto mío (07).
Cíclica, así es la relación del blues con los porteños. Supo de días de gloria, como en los 90, cuando las principales figuras del género venían a Buenos Aires y cuando los exponentes locales entregaban sus mejores discos. Pero los excesos de algunos productores le quitaron credibilidad a la escena. "Empezaron a traer a músicos desconocidos de Chicago (Estados Unidos), con entradas carísimas, y los talentos locales quedaban relegados. Todo por ese hábito ancestral de quedarnos con los espejitos de colores."
Hormiguita viajera, Cristina Dall llevó su voz y su maldito piano por España ("en Palma de Mallorca hay un lugar recontrablusero"), por América del Sur y no deja de hacerlo por todo el país. "Estuve tocando mucho en el Sur y me di cuenta de que en la Patagonia hay mucho blues cultivado por Pappo. Son muchos los que lo recuerdan y me gratificó ver a adolescentes cantar sus temas. Me pasó en una prueba de sonido que me puse a cantar temas de él y los chicos que estaban ahí se prendieron enseguida. ¡Eso es obra de sus papis!"
Hoy el repertorio de la cantante está integrado por temas propios y algunas canciones que quedaron de los días con Blacanblus. "Pero creo que no voy a hacer «Maldito piano». Vos dirás: «¿Quién se cree, Litto Nebbia que no quiere hacer ?La balsa'?» No, nada de eso, sólo que me cansó."
La Dall sueña despierta, tiene banda y temas propios, se mueve por fuera de la industria y no descarta que algún día las Blacanblus vuelvan a unirse. "Quedó un espacio vacío y mucho cariño, mucho amor de un público genuino. Siempre agradezco haber podido disfrutar de esa etapa y de hecho lo sigo disfrutando, porque la gente que me viene a ver me conoce de aquellos días. Mona (Fraiman) vive en México pero estuvo de vacaciones en Buenos Aires, la fuimos a ver con Déborah (Dixon) y Viviana (Scaliza) a un show que hizo y terminamos subiendo al escenario. No sé si nos volveremos a juntar, el tiempo dirá."
Con acento francés
Nina van Horn no tiene nada que ver con aquel personaje de la actriz Wendie Malick, el de la ex modelo de pocas pulgas que interpretaba en Just Shoot Me! Es una cantante francesa que vivió en Nueva Orleáns y en Texas, que habla un buen castellano, que se inició en el arte como bailarina y que desde hace años abrazó el lenguaje del blues. Mañana, tendrá a su cargo el cierre de la primera noche del festival.
"Es mi primera vez en Buenos Aires -cuenta Van Horn-. No pude venir con mi banda pero estaré acompañada por músicos argentinos. Voy a cantar mis temas. Están escritos con el corazón, hablan sobre emociones y sobre diversos temas, como el huracán Katrina. Viví unos años en Nueva Orleáns y es una ciudad muy importante para mí. Sentí la necesidad de escribir algo sobre el huracán que la afectó, pero no quise referirme al desastre en sí sino al modo en que han tratado a la gente. Miles de personas se quedaron sin su hogar, sin sus cosas, y aún hoy son muchos los que viven en trailers, ya sin esperanzas de regresar."
Se ríe Nina cuando recuerda su derrotero. Sus días de bailarina, sus años de cantante de ópera ("a los 18 era soprano") y su paso por la música country. "¿Cómo llegué al blues? ¡No lo sé! Cuando uno tiene más horas de vuelo se siente empujado a hacer una música más humana, donde se puedan transmitir los sentimientos. Nunca hice planes en mi vida y así llegué al blues, sin planearlo."
Un disco dedicado a las mujeres del blues es la criatura más reciente de la Van Horn. Pero la cantante prefiere guardarlo para una segunda visita, ya con su banda francesa. "Es un homenaje a las primeras mujeres del blues, a Ma Rainey, a Bessie Smith. Cuando se habla de las primeras décadas del blues se habla de Robert Johnson, de Charlie Patton. ¡De hombres! Y ellas cantaban sobre las drogas, el alcohol, el sexo, mientras que los hombres se limitaban a las historias de amor", concluye la cantante, e inmediatamente aclara que se lleva muy bien con los hombres, que admira a los grandes del género como B.B. King y que hasta se anima a interpretar temas de autores tan sorpresivos como el actor Bruce Willis.