Entrevista. Guillermo Arengo El actor, con formación teatral, se probó en Tratame bien y se instaló en Herederos.
Guillermo Arengo tiene una réplica para Umberto Eco, quien sentencia que no salir en TV hoy es un signo de elegancia: “Con mis joggins, no soy precisamente elegante. Y primero habría que definir elegancia. Tuve mis prejuicios, pero, por suerte, a los 46 ya estoy trabajando en ellos. Estar en conflicto con lo popular es no querer la vida”, dispara, filosófico. El actor que le sacó viruta a la cámara en Tratame bien (el unitario que protagonizaba Julio Chávez en 2009) es ahora el casero “buenazo” de Herederos de una venganza (a las 22.30, por El Trece).
Pedro, así fue bautizado el fiel empleado de Rafael (Federico Amador), irrumpe en el imaginario pueblo de Vidisterra “en la línea de la comicidad”. Nativo de esa zona rural, “ese entorno lo determina desde la ingenuidad y la fidelidad y lo no contaminado”, explica Arengo. Pero su “sociedad” no será con Amador, sino con el ingeniero Antonio (Luciano Castro), a quien ayudará en la resolución de un enigma policial: “El paso de comedia es en relación con su esposa, que lo cela justo a él, un tipo tan poco galán”.
En su primera entrevista con Clarín, casi dos años atrás, Arengo, hombre de teatro, retrataba su debut en pantalla como un estado en el que todavía veía “pasar la pelota”. De regreso en la cancha, confiesa que vuelve a experimentar “una situación de primera vez: las condiciones de tiempo y espacio son distintas a las de un unitario. Pero hay un punto de conexión que encuentro con Tratame…, el jugarle la segunda al protagonista”.
Fotógrafo, director, dramaturgo y docente, se inició en el rubro, una década atrás, vinculado al grupo El Periférico de Objetos. En cine, participó de El asaltante, La sangre brota, La mujer sin cabeza y Las vidas posibles, entre otras.
Hombre orquesta, mientras trabaja a Pedro como a una cebolla (“Además del autor y el director, el actor es quien le construye capas al personaje”), pergeña dos películas a las que escribió con el sueño de dirigir (ver La hora...). “Yo creo mucho en lo múltiple. En que los espacios tengan zonas de entrada y salida. Tengo la fantasía del actor todoterreno”, admite.
Sin que se lo pidan, optimiza su discurso hasta pulirlo y buscarle teoría y explicación a todo. “Yo podría definirte la actuación de muchas maneras, pero elijo la definición desde la confianza. Hay que confiar profundamente en el sistema de representación en el que te metés”, reflexiona en el bar de Pol-ka. “Con los años aprendí a dividirme. Yo no creo ser uno solo. Creo que uno tendría que ser varios”.
¿Algo así como múltiples personalidades, o qué?
Cuanto más uno sea, mejor. No creo mucho en componer personajes, sino en trabajar desde uno, trabajar esos muchos que uno es.
¿Estás preparado para la popularidad?
Es muy agradable para un tipo hipernarcisista como yo que le pidan autógrafos o le digan Sos groso, sos genio. Pero no me lo creo. Los beneficios secundarios de la fama no me molestan. Elijo exponerme.