El atardecer invita a otro recorrido singular: un circuito cervecero que toma la calidad del agua de la montaña como parte de su slogan.
Ciento por ciento orgánica, sin aditivos, sin conservantes. ¡Es genuina! Así promociona sus cervezas Bruno Ferrari, que junto a sus hermanos Guido y Franco emprendió hace seis años el desafío de la fábrica propia, con el sello Berlina, una cervecería artesanal que cuenta con un coqueto drew pub a la altura del kilómetro 11,7 y su nuevo patio cervecero, más rústico, en Colonia Suiza.
A diferencia de la mayoría de las quince cervecerías artesanales que hay en Bariloche, los hermanos Ferrari no se iniciaron por hobby, sino aprovechando que Bruno obtuvo el título universitario de maestro cervecero en Alemania y ahora traslada su conocimiento a la cerveza artesanal, con agua de los arroyos de Colonia Suiza, y manteniendo el "estilo antiguo, el dogma alemán de la cerveza genuina".
Para mantener esa tradición, a pesar de la tecnología incorporada en la nueva fábrica -con capacidad para producir 40.000 litros por mes-, Bruno aún rema a mano en la olla con una enorme paleta de madera y se apasiona al contar las sensaciones, los olores y la fusión de colores cuando se mezcla el lúpulo, la malta y el agua.
El circuito invita a conocer también una cerveza con tradición y pasión casera: en el Circuito Chico, paraje Las Cartas, está Gilbert. Un antiguo establo de madera construido en 1934 fue reacondicionado por Alejandro Gilbert, para ofrecer en principio servicios al turismo estudiantil. Pero hace cinco años dejó aquella vorágine de la juventud y concentró sus energías en su restaurante, con una increíble vista al lago Moreno, y en producir allí mismo la cerveza artesanal, que antes hacía por placer y sólo para su familia.
Su hijo Tomás, de 27 años, se capacitó en el círculo cervecero y ahora está a cargo de la pequeña fábrica que produce 300 litros diarios de las tres variedades tradicionales (rubia, negra y roja) elaboradas con agua del lago Moreno. Mientras tanto, el padre, que llegó en 1984 a Bariloche, ofrece picadas y calóricos platos de montaña, que incluyen ciervo a la cazadora, goulash, pastas caseras y truchas.
Más en la ciudad, en el kilómetro 6, en una callecita empinada perpendicular al lago, se encuentra el pub de la cervecería La Cruz, que se considera una tradición para los locales. Y en pleno centro, en una antigua casona de madera, se fabrica la cerveza Bachmann.