Fiesta Nacional del Malambo. Se celebró en Laborde, Córdoba. Gonzalo Molina, de La Pampa, fue el mejor.
En la madrugada del lunes 17, el Festival Nacional del Malambo se aproximaba a su culminación: los concursantes (de malambo pero también de otras disciplinas del arte criollo) que habían alcanzado la condición de finalistas estaban siendo sopesados por el muy riguroso jurado: dos reconocidos maestros de folclore, Omar Fiordelmondo y Héctor Arico, y dos ex campeones de malambo, Juan Ortega y Adrián Vergés. Ellos habían trabajado duramente en los cinco días previos viendo pasar frente a sus ojos a los mejores malambistas del país, desde chiquilines hasta veteranos, en las extraordinariamente complejas figuras de una danza tan vigorosa como sutil. Fue la edición 44° de un festival de carácter único que el pueblo de Laborde, en el sudeste de la provincia de Córdoba, organiza todos los años con la participación desinteresada, pero no por eso menos esforzada, de muchos de sus habitantes.
Volvamos a la madrugada del lunes. Si en medio de la tensión y las especulaciones febriles del momento algún entrometido se hubiera asomado al amplio lugar que se ubica detrás del escenario -y que en los días previos había asistido a la agitación de bailarines, músicos, técnicos, curiosos y familiares- lo habría encontrado prácticamente desierto. Casi desierto, sí, excepto por la presencia de tres gurrumines -quizás entre los tres y los cinco años de edad- que frente a un gran espejo, vestidos de gauchos y absortos en su propia imagen, probaban figuras de malambo con todo el porte, aunque claro que no con toda la destreza, propio de esa danza recia y varonil. Al menos dos de estos niñitos son hijos de ex campeones de malambo: Pablo Lemos (de 1999, por la provincia de Corrientes) y Hugo Moreyra (2004, por la provincia de Santa Fe). En esa escena encantadora puede resumirse una clave del Festival de Laborde: el pasaje de generación en generación de una bella tradición intensamente viva.
La categoría más alta del concurso es la del Malambo Mayor, bailarines entre veinte y cuarenta años que aspiran al honroso y codiciado título de Campeón Nacional. Este año la decisión resultó especialmente peliaguda y fueron cuatro, cuando habitualmente son tres, los que llegaron a la instancia previa a la definitiva: el extraordinario y cautivante Miguel Diosquez Dupuy, por la provincia de Tucumán; Ariel Pérez, por la provincia de Buenos Aires, con su malambo sureño de gran refinamiento y expresividad; Gonzalo Molina, que fue subcampeón de La Pampa en la edición de 2010, lo que le dio derecho a presentarse de nuevo; y Rodolfo González Alcántara, también por La Pampa. Ambos pampeanos mostraron en estilo sureño su malambo elegante y original y finalmente ganaron, respectivamente, el lugar de Campeón Nacional para Molina y el de Subcampeón para González Alcántara.