Los tiempos en los que sólo se trabajaba en verano quedaron atrás; en invierno, muchos alternan entre distintas ocupaciones o hacen las valijas para ir a Europa
MAR DEL PLATA.- Al fin y al cabo, no se vive sólo de la temporada. Atrás quedaron, muy lejos, aquellas épocas gloriosas en las que la ocupación era plena y había hoteles y restaurantes que se daban el lujo de cerrar las puertas en las últimas horas de marzo y sus propietarios vivían holgados el resto del año hasta que se retomaba la actividad en diciembre. Los tiempos cambiaron y el mercado laboral lo supo entender. La playa crea empleos, pero por un período corto. Por eso, para quienes trabajan con los pies en la arena la necesidad de empleo pasa por el verano y algo más.
Y ese algo más puede estar por Mar del Plata, con otros rubros, y bien distintos de los servicios de los balnearios. O más lejos, a veces del otro lado del océano, con la posibilidad de cumplir similar función, pero en el verano europeo.
Principal destino turístico del país, cada inicio de temporada significa la puesta en marcha de decenas de miles de puestos de trabajo que se extienden por períodos de dos a cuatro meses, según el caso. La demanda llega desde los balnearios hasta rubros como gastronomía, hotelería, entretenimiento y comercio en general.
Para buena parte de los trabajadores, el verano implica una opción de sumar horas y otro ingreso económico para añadir al del empleo de todo el año. Pero otros aprendieron a alternar, ya sea el tipo de trabajo o escenario en el que lo desarrollan.
Daniel López tiene 34 años y desde hace ocho se desempeña como guardavidas. Eligió la profesión a tiempo completo, y eso significa que viaja en avión al final de cada verano marplatense para prestar sus servicios en Málaga, camino que comparte con cientos de colegas. "En España se abrió una gran posibilidad laboral, estamos muy bien calificados allá y los ingresos son buenos", explica a La Nacion.
Este año en Mar del Plata está al frente de una escuela de surf en La Caseta. "Empecé a ir a España porque allá no sólo se gana bien, sino que se ahorra más", dice el joven, que así pudo construir aquí su casa. Y aún no definió si este invierno volverá al exterior. "Mi esposa es profesora de Educación Física y quiere trabajar acá", cuenta.
Primero solo y luego con Yanina, su esposa, Paulo Vestuti también eligió esta vida compartida entre Mar del Plata y Málaga. Aquí es carpero en el balneario Apolo. Y en las playas españolas hace tres años que es hamaquero. "Fue un momento en el que todos se iban al exterior y la experiencia resultó muy buena como para continuarla", destaca.
Si bien reconoce que aquí el invierno propone alternativas, piensa que seguirán alternando destinos. "Lo ideal es quedarnos todo el año en Mar del Plata", aclara.
La ciudad, que transita una temporada interesante, tiene un frente marítimo de 47 kilómetros y un centenar de unidades de playa que cada verano ocupan entre 15 y 60 empleados, según incluya servicios adicionales como gastronomía y entretenimientos.
En algunos de los 25 años de guardavidas, Jorge González Sangorrín también cambió escenarios para tener actividad laboral todo el año, pero en su caso sin salir del país. Verano en Mar del Plata y en invierno como rescatista en el centro de nieve Penitentes, en Mendoza. "Fue una gran experiencia", cuenta quien además es profesor de Educación Física y ahora comparte su labor de temporada en las playas de Punta Mogotes con su nueva profesión: se recibió de médico y a la noche presta servicios en el Hospital Interzonal General de Agudos y en una empresa de atención médica ambulatoria. "Mientras se pueda, voy a seguir con ambos trabajos", comenta.
En un médano del Sur, Víctor Arandía arrancó en 1988 con un chiringo de licuados y comidas rápidas. Hoy, allí mismo, es el responsable de Abracadabra Beach, el parador favorito de los jóvenes. "Vivir del verano no existe más", dice a La Nacion y explica su incursión en negocios con actividad durante los 12 meses. Es el titular de El Anticuario, uno de los restaurantes más cotizados, y La Bita, con similar perfil, emplazado en el Yacht Club Centro Naval. "Los que trabajan en actividades de verano necesitan otra en invierno, así como el que tiene un trabajo, en la mayoría de los casos, necesita un segundo ingreso", razona.
Entre los propietarios o concesionarios de balnearios crece esta tendencia. Invierten en otros rubros -en la mayoría de los casos, vinculados con el turismo- o aprovechan la infraestructura de sus complejos para darles vida y actividad, ya sea como restaurantes o salones de fiestas.
Pablo Alvarez ama la arena. La camina de diciembre a marzo con su carro de venta de pareos y artesanías. "Estoy en Mar del Plata y después voy a Brasil y otros destinos del exterior", comenta. Aunque reconoce que el mercado laboral marplatense creció y abrió oportunidades, se abraza a su negocio: "Nada se compara con trabajar siempre en verano y en la playa".