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Tres caras de una historia
DIAS CRUCIALES Por Michael Cunningham-(Norma)-Trad.: Santiago Ochoa-388 páginas-($ 39)
Días cruciales se compone de tres nouvelles contadas en tercera persona. Todas muestran como escenario la ciudad de Nueva York y en todas se citan versos de Hojas de hierba , de Walt Whitman.
"En la máquina", la primera historia, se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX y su argumento gira en torno de Lucas, un chico de doce años que empieza a trabajar en la fábrica de matrices donde Simon, su hermano mayor, tuvo un accidente que le costó la vida. Lucas es un fervoroso lector de Whitman y siente una gran atracción por Catherine, una costurera con la cual iba a casarse Simon. "La cruzada de los niños", el siguiente relato, transcurre en la actualidad y está protagonizado por una psicóloga del departamento de policía que atiende llamadas de perturbados mentales y potenciales terroristas. La última narración, "Como la belleza", se sitúa en una Nueva York futurista y sus principales personajes son un androide y una mujer-lagarto del planeta Nadia.
Michael Cunningham se consagró con Las horas (Premio Pulitzer 1999), que fue llevada al cine por Stephen Daldry. En ese libro el escritor norteamericano anudó tres historias a través de la figura de Virginia Woolf y su novela La señora Dalloway . Quizás haya pretendido emplear una estructura similar para Días cruciales , pero no logró la misma íntima ligazón conseguida en la obra anterior.
En Días cruciales , el autor se vale de los nombres para sugerir una continuidad en su tríptico y también bautiza Simon al novio de la psicóloga y al androide. En el caso de las heroínas femeninas hay leves variantes: de la Catherine del siglo XIX se pasa a la Cat terapista y a la Catareen extraterrestre. Los sucesores de Lucas son otros dos chicos llamados Luke. Este y otros recursos no bastan para establecer un sólido vínculo entre los tres relatos. Por eso conviene evaluarlos de manera independiente.
El primero sobresale del resto. Combina una acertada ambientación histórica, en plena Revolución Industrial, con una sutil descripción de la alucinada psicología de Lucas y de su tortuosa relación con Catherine. Aquí la máquina es vista como enemiga del hombre y devoradora de almas. Al avance tecnológico se le opondría el espíritu fraternal de Whitman, y en algunos pasajes Cunningham eleva este enfrentamiento a una dimensión metafísica. La inclusión de matices simbólicos permite una asociación con el cuento "La fábrica", de Bradbury.
En la segunda nouvelle , predomina una trama policial que no llega a resolverse y deja en el aire una amenaza apocalíptica ante la sospecha de que un ejército de niños bomba, inspirados en Hojas de hierba , se dispone a destruir la civilización estadounidense. En el relato de ciencia-ficción se alude de modo muy vago a esa "cruzada" de "niños locos con una bomba realmente grande" como la posible responsable de un desastre nuclear. Su tema central, un clásico del género, aborda la posibilidad de que algún día existan robots capaces de sentir. En la nouvelle final, se produce una redención de las máquinas por medio del androide Simon, que ha sido poéticamente programado con la obra de Whitman.
Las dos últimas narraciones se caracterizan por un exceso de diálogos. Entretienen sin dejar una huella literaria sustancial. Cunnigham, por otro lado, no agrega nada valioso a las ideas, ya expuestas por otros autores, sobre la progresiva deshumanización del mundo y la anticipación de un momento paradójico en que las criaturas artificiales serán más humanas que sus inventores.
Felipe Fernández
Fuente
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