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Reinante fantasía heroica
ELRIC DE MELNIBONE Por Michael Moorcock-(Edhasa)-Trad.: Hernán Sabaté-213 páginas-($ 25)
La fantasía heroica, o "Espada y brujería", como también se la llama, es un género que tiene sus raíces en la obra Tolkien y en los relatos que en los años treinta Robert E. Howard dedicó a su héroe Conan. A partir de la segunda mitad de los sesenta y en los países de habla inglesa, esta clase de historias abundó hasta la saciedad. Ya se sabe: espadas mágicas, hechiceros, reinos de nombre misterioso, dragones Los libros nunca están solos: siempre son trilogías, tetralogías, pentalogías Los diálogos suelen ser pomposos y las mayúsculas se reparten con generosidad (Barco que Navega sobre Mares y sobre Tierras, leemos en la novela que nos ocupa). En los últimos años, y a partir del renovado éxito de la trilogía El señor de los anillos , la fantasía heroica volvió a conquistar su reino perdido: además de la aparición de nuevas novelas (por ejemplo El caballero , la reciente obra de Gene Wolfe), se rescataron libros olvidados, como éste de Michael Moorcock, publicado originalmente en 1972.
Elric es un emperador albino que gobierna una isla llamada Melniboné. Está enfermo -debe tomar drogas que alimenten su debilitada sangre- y tampoco su reino goza de buena salud. Los enemigos del sur tratan de invadir la isla cruzando a través de un puerto-laberinto, mientras su propio primo, el malvado Yyrkoon (vaya a saber uno como se pronuncia) trata de usurpar el trono. Las derrotas llevarán a Elric a cambiar la ambigüedad moral que tiene al principio de la novela por una clara inclinación al bien. Es evidente que el autor quiso variar el modelo de héroe invencible y así dotó a Elric de enfermedades, de vacilaciones, de crueldades y también de una especie de sesgo existencialista. Llega a pensar : "No estoy hecho para vivir".
En los últimos años la fantasía heroica ha desplazado en los estantes de las librerías tanto al terror como a la ciencia ficción. Ignoramos cuál es el encanto que este tipo de relatos tiene para una gran masa de lectores. No es aventurado pensar, sin embargo, que la superabundancia de tecnología lleva a la nostalgia por un mundo donde las máquinas no existen, donde no hay ningún progreso, donde no es el futuro lo que pesa sobre el destino de los personajes, sino un pasado insondable en el que ya está todo escrito.
Borges sostenía que la literatura fantástica era superior a la ciencia ficción, porque la primera exigía al lector un solo acto de fe (por ejemplo, un anillo mágico), mientras que el segundo necesitaba de actos de fe sucesivos: el laboratorio, el experimento, la nave espacial Pero la fantasía heroica exige algo más: una especie de convencimiento fanático. No sólo hay que creer en hechicerías y proezas extraordinarias, sino en seres que llevan nombres tales como Susurrador Tentaculado de Secretos Imposibles.
Michael Moorcock nació en Londres en 1939. Su obra más conocida fuera de la fantasía heroica es El programa final (1968), especie de novela pop de ciencia ficción (que Francisco Porrúa publicó en la legendaria colección Minotauro). Que Moorcock se haya dedicado por igual a esta literatura psicodélica y a la fantasía heroica es algo que resulta extraño hoy, pero no en su época: hubo una estrecha relación entre los movimientos contestatarios (y su exaltación de la música y de las drogas y de la vida antiburguesa) y las fantasías "a la Tolkien". Mientras que muchos discos prodigaron duendes, magos y espadas, El señor de los anillos formó parte de la Biblia de los hippies. Los pacíficos miembros del flower power y los sanguinarios guerreros de las novelas tenían en común el rechazo a la vida burguesa y el amor por la naturaleza. Y el pelo largo, claro.
Pablo De Santis
Fuente
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