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Entre palacios y parques, luna de miel en Sintra
Portugal es un país que siempre me había intrigado. Será porque parte de mis raíces tiene que ver con estas tierras. Mi bisabuelo paterno nació en tierras portuguesas.
Los sueños hay que tenerlos bien guardados, pero siempre vivos, porque como dicen, a pesar de vivir en un mundo efímero, los sueños no tienen vencimiento.
Convencí a mi marido de hacer nuestro viaje de bodas a ese país. El conocía muy bien cuánto me sentía atraída por la cultura lusitana. Y así lo hicimos.
Disfrutamos tanto de ese país, pero quiero describir nuestra estada en un lugar muy especial, que queda muy cerquita de Lisboa: la real ciudad de Sintra. A sólo 28 km y en un trencito muy simpático que trepaba la montaña llegamos hasta ese lugar encantado. Su nombre se debe a la verde y estrecha sierra homónima de cumbres graníticas. Se extiende entre Lisboa y la costa atlántica. El clima es excepcional. Ideal para nuestra luna de miel.
Es un lugar donde la armonía está dada por la conjunción de la arquitectura, los jardines, los parques y el marco natural.
Fue en Sintra donde los portugueses introdujeron el hábito de tomar el té a la corte británica; cuando Catarina de Braganca se casó con Carlos II de Inglaterra. ¿Quién lo diría? Creía que el té había formado parte de los ingleses desde tiempos inmemoriales y no que había sido introducido por los portugueses?
Con Melchor, mi esposo, recorrimos gran cantidad de construcciones palaciegas. La más famosa, el Palacio Nacional de origen musulmán. Con sus monumentales chimeneas de forma cónica, que asombran a todos los visitantes. Pertenecen a las cocinas del palacio y aún hoy son alimentadas por el agua que llega de las sierras.
En su arquitectura se observa un eclecticismo único. Una gran variedad de estilos, entre los más destacados: morisco, gótico, mudéjar, italianizante y barroco. Todo diferente, pero a la vez armonioso. Cada cultura con las huellas estampadas en sus construcciones.
Recuerdo una tarde lindísima, disfrutada de a dos, en una de sus callecitas empinadas, tomando un rico té acompañado por un dulzor típico de Sintra, que consiste en una masa con queso fresco, huevo y azúcar. Existe allí la Antiga Fabrica de Queijadas Finas de Piriquita, fundada hace dos siglos. Guardan la receta bajo cuatro llaves, a pesar de que los hornos del local reciben y despiden bandejas permanentemente.
Hace unos años leí en un libro de frases lo que había dicho Lord Byron después de haber conocido Sintra: "Ver el mundo y saltarse Sintra es estar ciego". Después de haber pasado esos días inolvidables pude comprender la profundidad de aquellas palabras.
Por Fátima Marto
Fuente
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