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“Es una experiencia educativa”
El pediatra italiano Marco Mazzi habla sobre el acogimiento familiar, una propuesta que implica recibir a un niño por un tiempo determinado hasta que pueda volver con su familia biológica.
Una experiencia de amor que educa a la familia a querer gratuitamente. Así define el italiano Marco Mazzi la propuesta de recibir a un niño en la casa propia y, por un tiempo determinado, tratarlo y considerarlo como un hijo natural. Mazzi es pediatra y preside Famiglia per la Accoglienza, asociación de promoción social nacida en Milán en 1982 que tiene actualmente unas 6000 familias inscriptas en siete sedes regionales de Italia y está presente en España, Suiza, Lituania, Brasil y, desde hace pocos meses, también en la Argentina.
En una visita al país, Mazzi explicó a Comunidad que esta experiencia no nació como un proyecto social de resolución de las necesidades de los otros, sino como la búsqueda de una respuesta a la necesidad de amar de toda persona. Familias para el Acogimiento favorece iniciativas diferentes como hacerse cargo de un niño, un adolescente o un anciano que por problemas sociales, jurídicos o económicos requiere la ayuda de un lugar donde pueda respirar y vivir el clima de una familia . Sus miembros acogieron en Italia hasta el momento a 250 niños y tienen en guarda judicial a otros 50.
Mazzi, que es padre de cuatro hijos (tres naturales y uno adoptado), explicó que esta asociación surgió de la amistad entre varios matrimonios del movimiento católico Comunión y Liberación. "En el movimiento aprendemos los criterios educativos para afrontar los distintos problemas, pero el acogimiento es una experiencia que provoca el corazón de todo hombre por lo que entre nuestros socios hay personas de diferentes credos e ideologías", dijo.
-¿Por qué llevar un niño a casa si ya se tienen los propios?
-Porque la experiencia de recibir a una persona en la casa ayuda a madurar a la familia entera. Padres e hijos aprenden sobre humanidad, aumenta la conciencia de la propia familia, crece la unidad entre marido y mujer y la verdad en su relación con los hijos. Tenemos familias que nos agradecen porque esta experiencia hace entrar una novedad a la vida familiar que, quizá, se haya vuelto un hábito, algo obvio. Esta experiencia pasa también a través del sacrificio de tener a una persona más en casa que a veces se vuelve un peso también económico. La fatiga de los hijos que a veces están contentos por el nuevo niño que entra en casa y otras no, se sienten celosos. Pero el acogimiento, que es una experiencia de amor a otra persona, es educativo también para ellos. Por lo cual muchas familias una vez que hicieron una experiencia de guarda la repiten con otro niño.
-¿La opinión de los hijos naturales no cuenta? -La familia es guiada por los padres. Son ellos los que saben cuál es el bien para la familia y cuál es el espacio que se puede usar para otra persona en una casa. Es lo mismo que pasa cuando se decide tener otro hijo: no le piden permiso a los hijos que ya tienen, toman la decisión ellos porque consideran que es un bien para su familia. Cuando los hijos tienen menos de 10 años los padres pueden decidir solos y pedirles que confíen en ellos. Cuando son más grandes y no entienden las razones por las que traer un chico en guarda, no es justo obligarlos. No obstante, se puede dialogar con ellos sobre qué es lo importante en la vida y qué quiere decir concebirse a sí mismos como parte de una familia y no como individuos solos. El acogimiento es algo que la familia da y entonces el hijo debe sentirse protagonista de esta historia.
-¿Las familias que reciben un niño en guarda pueden después adoptar?
-No. En Italia hay un debate sobre esto porque muchas veces la guarda es por dos años, pero se renueva indefinidamente porque el Servicio Social (ente público que establece la necesidad de la guarda) evalúa que la familia de origen no se ha recuperado de su problema. Ahora hay proyectos de ley que proponen que, en casos en los que se prevé que la guarda se renovará indefinidamente, se elija a familias que han pedido adoptar. Pero nosotros nos oponemos a esto porque son dos experiencias distintas, la guarda y la adopción. La guarda puede prolongarse todo lo que sea necesario, pero el niño debe mantener el contacto con su familia de origen. No es justo que la ley le pida a ese chico que intentó seguir la historia de su familia, aunque problemática, que la deje y acepte sólo la que lo tomó en guarda. Como tampoco es justo que la familia a la que se le confía la guarda en un cierto punto cambie de perspectiva y diga que es adoptiva y que no quiere saber nada con los padres naturales.
-¿Cómo se puede prevenir que una familia que tiene un niño en guarda no quiera quedarse con él y se niegue a reintegrarlo a sus padres naturales?
-Cuando una familia comienza una experiencia de guarda nosotros la ayudamos, a través de nuestros profesionales, a vivir con ese niño un vínculo verdadero. Puede llamarlos mamá o papá y uno se lo permite, pero le recuerda que también está otra mamá a quien él ya conoce. El niño debe tener claro a sus dos referentes. Es muy importante que la familia que lo recibe en guarda viva esta pobreza, esta no posesión, este amor a su historia sin querer poseerlo para sí. El niño no les es dado, sino que les es confiado para que lo quieran y no para que lo posean o hagan un proyecto sobre su vida. No es fácil tener un niño que te dice papá o mamá y mirarlo a la cara sin saber si estará contigo dentro de seis meses. Sin embargo, es una experiencia muy provocadora y educativa.
-¿Educativa también para quien recibe? -Sí, porque nos obliga a mirar las cosas sin querer poseerlas, es decir, querer gratuitamente. La familia de apoyo no sustituye a la de sangre. Es una linda aventura. Si la familia es ayudada para vivirlo así, sin intentar poseerlo, es un bien para todos, sobre todo para el niño. Pero es difícil porque muchas veces el niño vive con una familia toda la semana y el fin de semana en la de su familia de origen. El lunes está enojadísimo porque volver a su casa es una experiencia fatigosa y contradictoria. Es necesario tener mucha paciencia y ayudarlo a mantener unidos los pedazos de su historia. Pasado el tiempo, él nos agradecerá y esta historia será buena. Si, por el contrario, nosotros queremos sustituir a la otra familia, le habremos hecho mal.
Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION
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