La satisfacción de lograr una exitosa integración laboral
La fundación IDEL busca la inserción de gente con discapacidad.
En las caras se les nota la satisfacción por haber conseguido algo tan largamente deseado: un trabajo. Lía, Laura, Marina, María Laura y Diego tienen entre 24 y 41 años, pero están estrenando la primera experiencia laboral. Es que para ellos conseguir un empleo fue un trabajo extra.
Tienen alguna discapacidad mental, y vencer las barreras del prejuicio y la discriminación no es tarea menor. Para ayudar a que personas con discapacidad se inserten en el mundo del trabajo se creó la fundación Integración y Desarrollo Laboral (IDEL).
Cada uno desde sus posibilidades; cada uno desde lo mejor que hace. Son jóvenes y adultos que tienen síndrome de Down, autismo, esquizofrenia y retrasos, discapacidad visual y motriz. El gran objetivo es la integración social. "Nuestra idea es que las personas con discapacidad se inserten en la sociedad desde un rol productivo. El 82% de las personas con discapacidad están sin trabajo", cuenta la directora ejecutiva de IDEL, Alejandra Goldschmidt.
Estos cinco jóvenes trabajan para una empresa de accesorios y bijouterie, como otros lo hacen para una fábrica de juguetes. Cada uno tiene su propia tarea: Lía es la encargada de cortar las cuerditas de las que colgarán los dijes que María Laura y Marina preparan; Diego es el especialista en embolsar todas las producciones.
De lunes a viernes, se reúnen de 9 a 13. Trabajan distendidos. Se ayudan y conversan. "Me encanta estar acá. Empecé en agosto -cuenta María Laura, de 24 años-. Acá hay gente macanuda que me ayudó a crecer." A Marina la independencia laboral le permitió volar sola: se mudó a una residencia, dejó la casa paterna y está feliz con su nueva vida.
Para casi todos es su primer empleo. Con todos los nervios y las anécdotas que surgen de estrenar trabajo. "Tratamos de que los que trabajan acá tengan el mismo estilo, así es más fácil la convivencia", señala Goldschmidt.
El trabajo en red con otras instituciones es clave. "Empezamos a trabajar en conjunto con entidades que también nos ayudan en la supervisión y el seguimiento de los chicos", comenta la directora ejecutiva.
"Con las empresas llevamos adelante distintos programas. Están las que tercerizan trabajo que los chicos hacen acá y las que reciben a los empleados en su oficina", explica. La fundación realiza una preparación con la empresa, antes de que el empleado con discapacidad empiece a trabajar con la intención de que el recién llegado no lo pase mal. Algunas experiencias por las cuales no fueron bien tratados los empujan a no dejar nada librado al azar.
Excelentes resultados
"Es maravilloso el cambio que se produce en las personas con discapacidad cuando sienten que alguien confía en ellos, los valora y los contrata. Trabajan con una inmensa alegría y los resultados para quienes los contratan son excelentes; son sistemáticos y responsables", asegura la directora.
En la fundación saben que es una tarea de hormiga, pero que la inclusión de un empleado con discapacidad genera cambios en todos los que se relacionan con él. "Las empresas se enriquecen mucho y aprenden de la diversidad. Cambia el clima de trabajo y realmente producen", subraya Goldschmidt. Lo esencial, según ella, es la selección previa: lo fundamental es que cada uno haga lo que mejor sabe hacer. Para comunicarse con ellos: 4786-1648 o www.idel.org.ar .
El gran proyecto de IDEL es contar con viviendas protegidas donde puedan quedarse cuando sus padres ya no estén o cuando puedan aventurarse a ser independientes.
"Apuntamos a la inclusión de gente que tiene una diferencia, pero que en algunas tareas trabaja mejor que las personas convencionales. Lo sistemático no los aburre; al contrario, lo hacen con entusiasmo", comenta Goldschmidt. Como ejemplo de sus palabras, contó que Lía pidió llevarse trabajo a su casa, como regalo de cumpleaños.