Conviene advertirlo: el sistema de acarreo de vehículos mal estacionados en la Capital es, al menos, confuso y controvertido. El accionar de las conocidas grúas porteñas, que sólo limitan su radio de acción al micro y macrocentro, y que desde hace 10 años funcionan con contratos prorrogados directamente, sin licitar, es cuestionado por acotar su territorio de trabajo a puntos cercanos a donde las empresas concesionarias tienen los predios de depósitos de autos.
Y en consecuencia, es de dudosa confiabilidad si se pretende promocionar que esta medida persigue un fin educativo y correctivo para el conductor imprudente. Deber que le compete supervisar al gobierno, garante excluyente del "operativo grúa". Pero.
Hoy, es motivo recurrente de quejas vecinales el acarreo de autos que permanecían en lugares permitidos; de rodados cuyos tickets no habían vencido; de vehículos estacionados en zonas de confusa señalización, y hasta la sospecha de connivencia de inspectores con dueños de garages, quienes le harían un guiño a los choferes de grúas para advertir la presencia de un auto mal estacionado, según quejas recogidas en el mismísimo gobierno de la ciudad. La contracara está los barrios más alejados del centro: hay vehículos que obstruyen las rampas de discapacitados, como en Las Cañitas, pero de la grúa, ni noticias.
Habrá que apuntar que la concesión del estacionamiento medido y del servicio de acarreo en la ciudad está dividida en dos zonas, que son explotadas por dos empresas. En la zona norte, controla los parquímetros la firma Dakota, y en la sur, BRD. La primera brinda también el servicio de acarreo con la denominación de STO. La segunda opera como SEC.
Según fuentes del Ministerio de Desarrollo Urbano de la ciudad, cada firma acarrea unos 7000 autos por mes en promedio y cuenta con 12 grúas. Por ese servicio, las empresas facturarían 1,5 millones de pesos mensuales cada una (el infractor, en tanto, paga $ 192 por el acarreo, mientras que la hora de estacionamiento medido cuesta $ 1,40). A cambio, las empresas pagan hoy un canon de 20.000 pesos mensuales, pero hace dos años atrás, sólo desembolsaban 1000 pesos por mes (sí, 1000 pesos por mes). Las veces que este periodista intentó dialogar con las autoridades de estas firmas, a ninguna les interesó responder sobre el tema.
Es cierto, también, que muchos conductores hacen caso omiso de las normas. Es ese sentido, el gobierno porteño asegura que es "imperioso y necesario" el accionar de las grúas en el centro, donde transitan más de 500.000 autos por día, y el estacionamiento es caótico. "Si no estaría la grúa, sería un descontrol; así se regula y ordena el tránsito también", dijo Guillermo Dietrich, subsecretario de Tránsito y Transporte de la ciudad.
El funcionario anticipó que en los próximos días habrá cambios: saldría la nueva licitación para el acarreo en la Capital, en la cual en el servicio de grúa será obligatorio que se filme todo el proceso de acarreo del vehículo, y así se garantizará al propietario el cuidado de su rodado, algo que hoy no ocurre. De hecho, el maltrato a los rodados puede advertirse a menudo.
Además, los parquímetros (forman parte de la misma concesión) podrán pagarse con tarjeta de crédito, según adelantó Dietrich. Prometen que el cambio estará en funciones desde julio próximo. Pero en el mientras tanto, el vecino, a quien le compete la responsabilidad de estacionar en lugares permitidos claro está, seguirá siendo testigo directo o secundario del tiempo récord que hacen las grúas para cargar un rodado, llevarlo al depósito a toda velocidad y volver a hacer con extremo vértigo el circuito calesita en las zonas grises, también llamadas "puntos cazabobos", como en Montevideo y Lavalle. Eficiencia y productividad, que le llaman. Lástima que de educativo y correctivo, el sistema de acarreo hoy tenga poco y nada.
Por Pablo Tomino
Especial para lanacion.com
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