Entrevista. Osvaldo Laport. Su segundo viaje para ACNUR se verá esta medianoche por El Trece.
Alguna vez él mismo llegó desde Uruguay “con una mano atrás y otra adelante”, sin saber muy bien con qué se iba a encontrar y todavía muy, muy lejos de la fama. Tal vez aquella experiencia de ajenidad le pegue en su memoria emotiva a la hora de enfrentar las tragedias de aquellas personas a quienes intenta dar una mano gracias a su bien ganada popularidad.
Osvaldo Laport, Embajador de Buena Voluntad de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) desde 2006, encaró su segunda misión para el organismo en Ecuador, fundamentalmente en la zona fronteriza entre ese país y Colombia. Allí se asientan más de 50.000 refugiados colombianos perseguidos por la violencia que diezma sus poblaciones. No huyen del hambre -que también los acosa- sino de asesinatos, violaciones y reclutamiento de sus niños para convertirlos en soldados de las distintas bandas armadas.
Los pormenores de su viaje quedaron documentados en el especial Rehenes del miedo , que emitirá El Trece hoy a la medianoche.
“A veces no me salían las palabras, sentía impotencia porque no les estaba llevando una solución real, e inmediata. Mi tarea es solamente la de dar visibilidad a este drama humanitario, es ser un vocero de estas víctimas que no pueden manifestarse”, comenta el actor, atravesado por sentimientos que hacen ociosas las preguntas.
“En el primer viaje que hice por ACNUR, al Congo, tuve una experiencia de mucha exposición física, porque sentías que en un segundo podía pasar cualquier cosa, pero me quedé con la sensación de que no habíamos dado una noción cabal de lo que es un refugiado -comenta-. En este documental creo que sí voy a poder demostrar que a un refugiado lo único que realmente le preocupa es salvar su vida”.
“Esta es una catástrofe humanitaria que ocurre en América latina, en un país hermano, que se desconoce y al mismo tiempo se oculta. En Colombia hay más de 3 millones y medio de personas escapando de paramilitares y de narcotraficantes, en un país que no los protege. Están en situación de orfandad total, enajenados, aterrorizados, y cuando finalmente logran cruzar una frontera, lo único que tratan de rescatar es lo que les quedó de sus familias -dice-. Hay testimonios durísimos. Hay pueblos enteros donde, cuando llegan los militares, encuentran las casas vacías y con las mesas puestas para comer, intactas. Así huye la gente. Y caminan kilómetros por zonas de selvas impenetrables”.
Allí estuvo el galán de tantas telenovelas, acompañado por un equipo de cámaras de El Trece, en un recorrido que comenzó por Quito, la capital ecuatoriana, para trasladarse luego a la norteña provincia de Esmeraldas, donde visitó 22 comunidades fronterizas, a las que sólo se puede llegar en bote y que carecen de casi todos los servicios básicos. Más hacia la zona de las sierras, el equipo estuvo en la localidad de Lita, cuyos habitantes son miembros de la comunidad aborigen Awá, y sufren el reclutamiento forzado de sus niños del otro lado de la frontera.
¿Recordás particularmente alguna historia de las que te contaron las víctimas? Todos. Porque los testimonios de estas personas son desde el miedo, desde el pánico, si hasta se tapan la cara cuando hablan por temor a ser reconocidos ... En Quito estuve con una familia que había pedido el reasentamiento. Este es un recurso cuando se comprueba que el grado de inseguridad persiste aún en el país vecino, y ACNUR se compromete a enviarlos a un tercer país. En este caso, era Canadá. Y cuando llegamos nosotros, era tal la desconfianza, que la mujer empezó a desesperarse ... era como un grito en silencio. Mi compromiso es darles voz a estos gritos, es sentirme como un integrante de este éxodo.
¿Y cómo llegaste a este compromiso con ACNUR? Cosas de la vida. Cuando sacaron al mercado mi segunda fragancia, le puse de nombre “Tiempo de paz” y empecé a buscar una entidad para donar parte de las ganancias. De casualidad, un matrimonio conocido me habló de ACNUR. Así comencé a informarme, y cuando descubrí que los máximos protagonistas de esta crisis humanitaria son las mujeres y los niños, vi que lo que yo tenía para dar iba por ahí. Ahora soy yo el que también busco sponsors, gente y empresas que quieran donar y ayudar a esta causa. En principio, el canal también está comprometido con esto, y me propuso escribir un libro para salir junto con el documental del próximo viaje que haga.
De acuerdo a tu experiencia, ¿el común de la gente es solidaria con los refugiados? En la Argentina y, en general, en el cono sur del continente, las necesidades son otras. Y hay muchas “celebrities” muy activos en el intento de paliar esas necesidades. Pero yo siempre digo que todos podemos ser refugiados en cualquier momento, y nuestra historia reciente da fe de eso. Y es muy triste la xenofobia. En Ecuador hay gente que no está de acuerdo con que sea un país solidario, pero afortunadamente la nueva Constitución contempla la protección para los refugiados, y en las comunidades donde se concentran, las maestras de escuela hacen un trabajo diario y muy fuerte concientizando sobre la no discriminación.
¿Ya aprendiste a manejar las huellas anímicas que te dejan estas experiencias? La huella se va ahondando y agrietando, lo mismo que la impotencia de no tener soluciones inmediatas: si las hay son a largo plazo y no las tengo yo. ¿Qué hago? Me comprometo más. No te niego que a veces, cuando vivo situaciones límite, me pregunto qué estoy haciendo acá, cuando tengo una mujer, una hija, una familia . Pero me digo que hay que mostrar todo eso, y que, más que a las armas, hay que temerle a la ignorancia.