Una estrategia clave en la que se respalda el gobernador de la provincia de Buenos Aires: recitales gratuitos y teatro a bajo precio
Tan asomada está a la Capital Federal la bonita carpa montada por la provincia de Buenos Aires en la localidad de Vicente López para dar cobijo allí a un gran espectáculo musical ( El patio de la morocha , con Susana Rinaldi y otras luminarias, a precios más que accesibles), que casi se diría que Daniel Scioli, su gobernador, ha querido obsequiar a los porteños ese presente con las maneras sutiles que él tan bien maneja (pocas palabras, actitud afable, cero agresividad, rotación constante entre los vecinos, aparición frecuente en los noticieros con el recitado de objetivos genéricos que todos le conocemos y suscribiríamos).
Mar del Plata, asimismo, este verano que aún no terminó, disfruta de un apreciable plus de generosidad del mandatario bonaerense en materia de colosales espectáculos públicos masivos.
Tanto en la carpa de unos pasitos más allá de la General Paz, como en las multitudes convocadas en la costa, los concurrentes han disfrutado de los eventos artísticos a cambio de posar unos minutos sus ojos sobre cartelería y estandartes naranjas donde se puede leer el nombre de Daniel Scioli unido, por lo general, a la palabra "cultura".
Más allá de este no tan proselitismo light, hay que reconocer que el primer estado argentino, más allá de los recitales al aire libre -auspiciados por organismos bonaerenses como Lotería, Banco Provincia y ARBA, entre otros-, cumple una tarea muy importante en este campo por medio de su Instituto Cultural.
Su presupuesto, este año, se eleva a 271.395.300 pesos, de los cuales el Teatro Argentino (al que el año pasado concurrieron 59.382 espectadores que asistieron a 175 funciones) consume 92.090.000 pesos. Pero también sostiene otro tipo de programas como "Cine en la plaza del pueblo" y "Darse cuenta. Teatro y reflexión", que recorren distintos municipios bonaerenses para proyectar películas o representar obras con conocidos actores.
Asimismo, se reabrió y se puso en valor el Anfiteatro del Lago y se inauguró la sala teatral Armando Discepolo, ambas en La Plata, mientras que dispondrá este año de 8 millones de pesos para seguir restaurando teatros venidos a menos de distintas localidades. Amén de los programas de inclusión social, que llevan músicos y actores a cárceles y neuropsiquiátricos o los conciertos de orquestas juveniles en barrios carenciados.
Alejandro Romay convirtió a Daniel Scioli en una celebridad televisiva, allá por la segunda mitad de los años 80, enhebrando insistentemente sus proezas motonáuticas por la pantalla de Canal 9. Su padre (José Scioli, entonces dueño de una famosa cadena de comercios de electrodomésticos), era socio y amigo de Romay. Gracias al "zar" de la TV, Daniel Scioli se volvió una figura familiar para la gente y para las revistas de actualidad y del corazón. Más aún cuando unió su corazón al de una beldad como Karina Rabolini. Y ni qué decir cuando zafó de tragedias inminentes (un incendio en su departamento, el accidente acuático en el que perdió su brazo derecho en el río).
Carlos Menem presintió buena madera ahí y Scioli no lo desilusionó: fue, sin duda, una de las celebridades que llegó más alto en la política y el que más persistió hasta ahora capeando tempestades ideológicas de distintas espesuras en los cargos más altos. Tanto es así que apenas le falta un solo peldaño para alcanzar la mayor cumbre a la que pueda aspirar un dirigente: convertirse en presidente de la Nación.
Un solo escalón que habrá que ver si puede llegar a subir alguna vez en la vida, este año o cualquier otro.
Mientras eso sucede o no, Scioli se maneja con total naturalidad en el mundo formal e informal de los espectáculos y su nombre se viene asociando cada vez más a realizaciones escénicas audaces y ambiciosas (como haber coproducido Eva , el éxito teatral de Nacha Guevara, bendecido con la presencia de la presidenta de la Nación en su formidable debut en el Teatro Argentino de La Plata antes de pasar a una sala privada porteña, o haber hecho algo similar con los Pimpinela).
Brilló Scioli también en la semana que pasó, junto a Cristina Kirchner, en el fabuloso Estadio Unico de la capital bonaerense, donde actuará el mes que viene U-2 y se jugará el partido inaugural de la Copa América.
Se estima que dos millones de personas vienen viendo este verano los espectáculos gratuitos de la costa organizados por la provincia y por algunos municipios. No pocos se preguntan, especialmente los empresarios y productores teatrales que presentan espectáculos pagos en la Ciudad Feliz esta temporada cuánto habrá incidido este factor en la retracción de público que sufrieron (se calcula aproximadamente un 8% respecto del verano anterior, lo que quiebra una línea ascendente que se venía dando ininterrumpidamente desde cuatro años atrás). La brecha, el mes pasado, era todavía mayor (entre un 11 y un 14% debajo de enero de 2010) cuando los recitales de Scioli se realizaban casi todos los días.
La Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet) levantó su voz de alarma y el gobierno provincial se avino a modificar algunos horarios para que no se superpusieran con los teatros.
Pero ayer, al estar prevista la actuación gratuita del Puma Rodríguez, a las 9 de la noche, Los Nocheros y Los Tekis tuvieron que levantar la función que comparten en el Neptuno. Imposible competir cobrando entrada cuando a pocas cuadras se ofrece algo similar completamente gratis.
¿Es función de los gobiernos distraer fondos que tanto se necesitan en acciones más prioritarias para plantear una competencia desigual y superpuesta con los teatros y producciones particulares?
¿No hay, acaso, un exceso de espectáculos gratuitos auspiciados por distintos gobiernos? Para anoche, por ejemplo, estaba previsto Tango Argentino , en el Obelisco, gracias a la Secretaría de Cultura porteña. Hace un par de fines de semana, en Vicente López, la función de El patio de la morocha (que seguirá allí hasta el 30 de marzo) debió ser suspendida porque atronaba el sonido del vecino Anfiteatro de la Costa donde se presentaba, también gratis y a la misma hora, Pimpinela. Y al cierre de esta nota Palito Ortega se aprestaba a cantar allí, con lo que el fantasma de las superposiciones volvía a presentarse.
Nadie habla de suprimir este tipo de representaciones masivas y públicas, pero su multiplicación resta fondos para promover actividades culturales y artísticas no tan comerciales; además de restar dinero para construir nuevas salas oficiales y centros culturales. Pone demasiada plata sobre gente ya consagrada y la quita para formar, descubrir y presentar nuevos talentos.
Sirven para la promoción efímera, pero no dejan demasiada huella y pueden llegar a establecer cierto tipo de competencia desleal con los espectáculos privados. Y sirven también para que alguien que quiere ser presidente y no puede expresarlo, agasaje constantemente a su potencial electorado con el siempre efectivo lenguaje de los gestos, con una ayudita de sus amigos de la escena.
Entrelíneas por Pablo Sirven
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