Músico de la tierra Toca mañana en el Tasso. Y el 26, en Rosario, frente al Monumento a la Bandera. Apuntes de un hombre agradecido.
Tuve una maestra de canto legendaria, Marta Sánchez. Ella trabajó mi voz, la respiración, la dicción. Ella me ayudó a tocar de otra forma. Una mujer de gran sabiduría. Me la crucé una tarde y me dice: Aquí ando Raulito, envejeciendo con dignidad.
Vengo de Shanghai y de un viaje por Japón. Allí presenté un disco con el notable bandoneonista francés Daniel Colin. Un disco se llamó, y fue justamente eso, Encuentro. Conocí mi país, de La Quiaca a Río Turbio, viví en Brasil, en Francia, y todo se impregna en uno. Hay que imaginar que nuestra memoria guarda los sabores, las fragancias, los sonidos diferentes de los lenguajes: eso queda dentro de la caja de resonancia que somos. El lenguaje es un viaje. Los franceses tienen su elegancia: dicen la pomme de terre dans se robe de champ, es decir, la papa en su cáscara.
El músico toca como uno es. Horacio Salgán es una persona meticulosa, precisa, exquisita. Eso es su música y así suena su orquesta. Piazzolla era también meticuloso y preciso, pero tenía un impulso, una impetuosidad italiana en la sangre. Troilo era un romántico, con esas notas largas que decían tanto. La guitarra de Eduardo Falú, por Dios.
Me gusta sentir que estoy disponible en la vida.
No hay desventajas en ser autodidacta. A los nueve años tocaba con mi padre. Ser autodidacta permite cierta libertad: uno puede convertirse en discípulo de quien se le ocurra. Me puedo convertir en discípulo de un niño en cualquier momento. Mirando a Troilo aprendí a tocar tangos. Hubo grandes autodidactas: Hugo Díaz, Roberto Grela, Atahualpa Yupanqui.
Siempre toqué de oído. Mis ancestros han hecho todo su aprendizaje por transmisión oral, el guaraní no tiene escritura. Fue natural para mi. Pasados los cincuenta recién aprendí a escribir música. Y fue una necesidad: muchos músicos con los que tenía que tocar no tenían ni idea del chamamé. Haceme una grilla, escribíme, me pedían.
Hoy es 12 de febrero, ¿no? Hoy me puedo tomar una copa de vino. Los primeros diez días del mes no tomo. Estoy por cumplir 73. En algún momento, me dí cuenta: estaba rodeado por la ausencia de muchos seres queridos. Y así elijo recordarlos especialmente en esos primeros días del mes. Ni religión ni tradición: una necesidad que se me ocurrió a mi.
Ellos me orientaron en el mismo sentido. Hablá lento, decía mi madre. Matizá Raulito, no toqués derecho, me decía mi padre.
El disco con Juanjo Domínguez es cierto que lo hicimos en una tarde. Mi mujer había comprado un disco de él y lo escuché en París. Me gustó tanto que conseguí su teléfono y lo llamé. Quedamos en encontrarnos. Y así fue. ¿Y si tocamos algo?, dijimos. ¿Y si grabamos eso que toquemos?, dijimos. Si sale lindo lo sacamos o lo dejamos como recuerdo. Fue en una tarde, después de un asado. En el auto me dice mi esposa: ¿y qué van a grabar? Ella fue haciendo la lista de temas en el camino. ¿En que tono tocamos este tema?, le preguntaba. En el que vos quieras, me decía Juanjo. Así que era todo como uno quería. Y el disco salió de una sola tocada. A las siete de la tarde estaba todo hecho.
Tengo los dedos veloces aún, pero no me gusta alardear en el escenario. Como tampoco soy hombre de muchas palabras. Me gusta que las ideas salgan netas, como si uno diera vuelta una botella de miel: la miel no se atora por salir. Hay que dejarle un espacio de aire y surge casi sin hacer ruido. Un jazmín en el centro de una mesa dice más que un ramillete de flores. El arco iris tiene nada más que siete colores.
Me decía Carlitos García, el notable pianista, que se puede silbar El día que me quieras, pero que no se puede silbar el canto de un moscardón, porque está plagado de notas. Hay que escuchar esas cosas. Una nota bien vestida, con todos los colores, eso me pedía Carlitos García. Y cuando el vértigo en la música aparece: aparece porque se impone, porque no puede no aparecer.
Quién es?
Hijo de padres guaraníes , a los 9 años lo empiezan a llamar Raulito, el mago , por sus destrezas con el acordeón. Participó en la Misa criolla . En 1964 graba su primer disco. En 1987 se radica en Francia. Un año después, toca junto a Paco de Lucía , Dave Brubeck y B.B. King en Frankfurt. En 1995, Sadaic le otorga el premio Francisco Canaro por la difusión de la música argentina en el exterior. En 1999, recibe la orden de Caballero de las Artes y de las Letras del gobierno francés. Su música se escucha en la reinauguración del Teatro Vera de Corrientes. El 27 tocará en el homenaje a Ernesto Montiel.