Andrés a secas. Ni tiene edad ni apellido. Vive en una casa rodante que le regalaron los vecinos. Y sabe muy bien lo que no quiere.
Jesús se detuvo en Palermo Soho Vida en Falcon ya se hizo, así que por favor no crean que estas aguarraces porteñas son un prodigio de observación. La advertencia está más bien dirigida a esos funcionarios paranoicos que ven un perro durmiendo en la calle y tienen el "Síndrome Indoamericano". Vida en Falcon.
No, Hebe, no te asustes, no es un documental sobre un Grupo de tareas; es la historia que jamás hubiera imaginado el bueno de Saint-Exupéry. Una película centrada en la vida de un fulano que literalmente vive en un Falcon y, ¡alquilarla ya!, rodeado del afecto de sus vecinos se convierte en un personaje existencialista.
Nadie vaya a pensar que esta nota es novedosa y, Kirschbaum, disculpa la sugerencia, pero no pongas la foto en tapa: el encuentro se hizo bajo palabra de que nada le sucedería a este remanso con cara de hombre. Por las dudas: a ver si inspiramos a los guardianes del orden. La idea es que Andrés a secas el apellido es menos importante que el de cualquier futbolista brasileño pueda seguir regando sus platitas en la plaza Medrano, leyendo en la reposera y viviendo de la mano de obra que canjea por víveres.
Nuestra informante, Raquel, nos escribió contándonos de Andrés.
"Me parece que puede ser interesante no sólo por lo ecológico del panel solar, sino porque en estos tiempos de reclamo y piquete por ayuda social tenemos un ejemplo de las cosas que se pueden lograr con dignidad". Un beso y gracias, Raquel, pero no. No Raquel (No, hermosa palabra ). No, no y no Ra- quel. No vamos a forzar naturalezas y conciencias. Eso es tarea de Greenpeace. Si se dan una vuelta por la plaza y ven una pantalla solar en las alturas de la casa rodante olvídense de la ecología. No seamos obvios. La ecología es el Caballo de Troya de la New Age.
Tampoco le daremos voz a la trama mística porque nos importa que nadie se equivoque con Andrés. Andrés, el tipo que te dice "la primera vez me expulsó la sociedad y la segunda yo la expulsé a ella", no está loco, al menos no de esa locura tan televisiva y costumbrista... ¡¿Qué hace Facundo Cabral parando la oreja?! ¿Querés oír? No, espera afuera.
"Vivo en esta casa rodante desde hace un año. La casita me la compraron los vecinos del barrio. Juntaron la plata y acá me ves después de 26 años de estar en la calle".
Chin chin con jugo de manza- na. Por el primer año entero bajo techo. "Antes de que fuera algo mutuo, sentí que el mundo me empezó a dejar de lado. Trabajar es una clase de progreso que me tiene sin cuidado. La sociedad es una abstracción. Si querés saberlo, creo que todo empezó cuando era chico. Se hacían reuniones familiares y yo me escondía bajo la mesa. Nunca me gustó socializar, pero de más grande comprendí lo que quería decir 'socializar'.
Cuando estudiaba ingeniería, pensaba que la sociedad estaba en mi contra. Trabajaba en Obras Sanitarias y estudiaba. Estudiar y trabajar, lo que me habían enseñado. Años y años no supe lo que quería; sin embargo de a poco iba aprendiendo lo que no quería. No quería profesión, ni esposa, ni trabajo fijo. No quería nada de lo que este lugar tenía para ofrecerme. ¡Si hasta me negaba a ir a un picnic!... Algo me pasaba".
Siempre fueron plazas, dice, "lugares que me proporcionaran sol y sombra". ¡¡Facundo!! ¡Salí de acá!. "Me la pasé tirado boca arriba pensando muchísimo. Por ejemplo, me costó entender que deprimirse era una condición de alguien que se comparaba. Y el rechazo se fue perfeccionando hasta que, ya maduro, me di cuenta de que la vida no pasa por la supuesta vida". ¡¡¡Facundo!!! "Me gusta leer la Biblia, un libro de sabiduría infinita. La espiritualidad es una asignatura pendiente que debería preocuparnos...
¿Lo del panel solar? Ah, porque es barato y me permite escuchar la radio. Si te querés poner a conversar de ecología conmigo, perdés el tiempo".
Un tramito de grandes revelaciones (con pinzas). "Una vez sentí que Jesús se sentaba al lado mío y me enseñaba qué camino seguir". ¿Qué Jesús? ¿Un vecino? Va en broma, buscando algún símbolo de realidad, pero Andrés hace una pausa larga como una llanura, y dice: "Puede ser, tal vez. ¿Vos no pensarías que los milagros existen si te cuentan que los vecinos de un barrio se juntan para comprarle un hogar a un sin techo?" Desde este momento nada será igual en estas calles cercanas a las de La Fundación Mítica de Buenos Aires. ¿Y si las moviéramos, maestro? ¿Y si la fundación mítica de Borges pasara a ser otra manzana pareja que persiste ahora en Palermo: Medrano, El Salvador, Costa Rica y Acuña de Figueroa?