Una familia se reencontró gracias a una carta publicada en Clarín
Un homenaje a los abuelos reunió a parientes de Capital, Córdoba, Mar del Plata y hasta Canadá.
Fue cuando las hijas empezaron a hacerse señoritas que la abuela Isabel tomó la costumbre de calzarse un revolver en la cintura . Con el marido muerto no le quedó más remedio que acompañar ella a las chicas cuando iban y venían a la parada del colectivo.
Para entonces, la abuela ya había mostrado su muñeca para criar sola a los hijos . Seis vinieron con ella en el barco que los trajo de Andalucía. Acá esperaba su marido. Otros cinco nacieron acá, en Lanús, la nueva patria de Isabel.
Con semejante mujer al frente de la familia, los lazos entre los Garrido se hicieron así de fuertes y aunque la vida se encargó de llevarlos por todo el mundo fue gracias a una carta en memoria de la abuela que volvieron a encontrarse . Y fueron muchos: unos 30 nietos y otros tantos bisnietos. Porque en verdad, por más que todos se esfuerzan en la cuenta, nadie sabe a ciencia cierta cuántos fueron en realidad.
Todo comenzó el pasado 1° de agosto, cuando Francisco Garrido escribió una carta de lectores en Clarín en la que rendía homenaje a sus abuelos Isabel Guisado Peña y Ramón Garrido Pérez.
“Delgada, enjuta, nadie podría imaginar la fortaleza que tenía ”, fueron las palabras de su nieto para recordar a la abuela, que había llegado sola justo para el Centenario de un país muy lejano llamado Argentina .
Garrido nunca imaginó que con ese sencillo homenaje terminaría reuniendo otra vez a toda la familia . Los mensajes empezaron a llegar desde Córdoba, Mar del Plata y hasta Canadá. Lo más curioso fue que María José, hija de Amanda y prima de Garrido, se enteró de que tenía una tía que se llamaba Margarita y que vivía a apenas quince minutos de su casa , en Toronto. Desde ese reencuentro, se volvieron inseparables y Amanda duerme un poco más tranquila con su prima cuidando a su hija.
En una tarde diciembre, los Garrido que siguen en Argentina vuelven a reencontrarse en la casa de Francisco en Lanús, en el mismo barrio donde crecieron juntos. Están los que se siguieron viendo, pero también aparecen otros que llevan años sin verse . Magdalena y María del Carmen se miran, se estudian, y al rato sueltan casi a coro: “¡Pero si sos vos!”.
Los primos que allí se encuentran van desde los 43 a los 87 años.
Todos tienen algo para recordar.
Que una Navidad, que las canciones de la abuela, que las fiestas de cumpleaños.
Amanda se emociona. “Fue como golpear una bola y después se van golpeando todas”, dice sobre el reencuentro.
Francisco, el artífice de semejante reunión, está feliz: “Esto ni soñando me lo imaginaba ; esto quiere decir que el destino no lo escribimos nosotros”.
Poco a poco, la mesa va quedando chica y hay que arrimar más sillas, igual que cuando la abuela Isabel los juntaba a todos para las fiestas.