A los cuatro vientos. La sección de saxos, trompetas y trombón es el corazón de esta banda porteña que, en esta orquestación poco habitual, encontró en el funk su forma de expresión.
Conectamos el equipo de bajo a la batería del coche, armamos la batería y la gente explotó. Así es como los integrantes de la Tapones de Punta Brass Band cuentan el Big Bang de su numerosa formación. Fue en la fiesta de San Patricio de 2007 y esto no es una mera casualidad: la música de “la Tapones” es pura energía festiva. “Siempre buscamos conectar con el público. Buena parte de nuestro concepto viene de las marching bands de Nueva Orleáns, que tocan en bodas y funerales, donde el público se encuentra en una suerte de éxtasis sensitivo”, se entusiasma el saxofonista Marcelo Lanouguere. Empezando el año 2000, los integrantes del grupo se encontraron en 12 Monos, banda baluarte del under porteño. A pesar de que en 12 Monos la lírica era muy importante: “en Tapones de Punta prácticamente no hay letras. Esto tiene que ver con una cuestión de espontaneidad y evolución. Nos sentimos muy cómodos con esta formación. Es un placer para todos formar parte de una banda donde no hay una sección de vientos, sino que la sección de vientos es el corazón de la banda”.
La Tapones está formada por un trío de guitarra, bajo y batería, dos trompetas, dos saxos y trombón. Una formación poco habitual en el circuito de clubes y bares de Buenos Aires. Facundo Bainat, trompeta y guitarra, explica: “No hay una escena de brass bands en Bs. As., aunque hay más gente haciendo cosas por ahí. De todas formas nosotros no somos una brass band tradicional: tenemos una base sonora anclada en las marching bands y el funk clásico que tiende al rock, lo cual le da al sonido un carácter incisivo”. Posiblemente ese extra es lo que esté atrayendo a su creciente y variopinto público. “Nuestro público es como nosotros: de barrio, divertidos, positivos. Más allá del carácter intelectual que se le podría imprimir a la música de vientos, lo nuestro es pura comunión entre gente común, tanto abajo como arriba del escenario. Sí, somos un grupo de amigos”, coinciden.
El carácter barrial y la impronta rockera de su sonido les posibilitó ser invitados en los shows de Las Pastillas del Abuelo del año pasado en el Malvinas Argentinas. El baterista Sebastián “Batata” Ayala recuerda con emoción: “Teníamos miedo de no ser aceptados. Los fanáticos de LPDA pueden ser muy radicales (risas), pero la respuesta fue increíble. Tuvimos un interludio de dos temas nuestros y tocamos dos más junto a Las Pastillas. Fue alucinante: una súper big band sonando a todo volumen y con 7.000 personas como locas ahí abajo.”
Luego de un 2010 a toda actividad, con cerca de 50 shows en vivo, el nuevo año empieza aún más arriba. Comenzaron tocando en el festival Jazz a la Calle de Mercedes, Uruguay, donde compartieron escenario con artistas como Waldo Madera o Ana Paula Da Silva. La experiencia fue energizante. “Se trata de un festival donde participa todo el pueblo, gente muy cálida y agradecida de que vayamos a tocar a allá. La organización fue perfecta, con un relax y un profesionalismo ejemplar. Dormimos en la casa de una familia y cuando montamos nuestro puestito para vender el primer disco, ¡la gente nos pagaba por él más de lo que pedíamos!” ríe el bajista Emanuel Schuster.
También en 2011 La Tapones presentará su nuevo disco, Buenísimo, que está siendo grabado en los estudios Supercharango. “El nuevo disco nos tiene locos. Suena orgánico, real, con golpe. Te obligará a moverte como los clásicos del funk. Buenísimo es una bomba”, concluye Batata, el responsable de los golpes.
Así vienen las cosas para esta brass band porteña. Todo parece indicar que su 2011 será mucho más parecido a una boda que a un funeral.