Si se mira la actual situación del mercado argentino, parece totalmente lógico que Panamerican Energy, un fuerte productor y exportador de petróleo y gas, quiera participar de la refinación, que es el negocio más rentable de los últimos años.
PAE dispone de capital y de deseos de ampliarse, mientras que para una empresa extranjera como Esso las cosas se ponen difíciles por las permanentes confrontaciones con el Gobierno, en particular con el todopoderoso y todoterreno secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
Los ejecutivos de las empresas que no gozan de la simpatía y los favores de la administración kirchnerista deben soportar toda clase de presiones, hasta que Moreno los llame a horas imprudentes con acusaciones extravagantes. Como que les lea un artículo periodístico sobre el sector y los destrate, diciendo: "¡A éste le diste letra vos!".
PAE, con un perfil más bajo, no ha tenido grandes confrontaciones, al menos que se hayan hecho públicas, aunque alguna vez estuvo afectada, como los demás exportadores, por una prohibición verbal de vender al exterior.
La norteamericana Exxon hace mucho que quiere vender su operación en la Argentina, que para ellos y la holandesa Shell es cada vez menos un mercado y más el campo de experimentación de las cambiantes, contradictorias e intempestivas medidas del secretario de Comercio Interior.
Los extranjeros están en retirada. Hasta los brasileños de Petrobras, mucho más acostumbrados a las particularidades locales, cedieron parte de su negocio a la vertiginosa expansión de los dominios del empresario K Cristóbal López.
Los españoles de Repsol encontraron como salida venderle una parte de YPF en condiciones más que favorables al imperio de Enrique Eskenazi, sin antecedentes en la actividad petrolera, pero "especialista en mercados regulados", al decir de sus socios.
Para los británicos de BP también era lógico vender su porción en la rentable PAE para juntar fondos y cubrir los gastos de la histórica catástrofe ambiental que causaron en el Golfo de México. Y para los chinos de Cnooc, socios en PAE, de un país ávido de materias primas y energía, es también lógico ampliar su negocio.
Los Bulgheroni lograron en los últimos años asegurarse la explotación de sus principales yacimientos en Chubut y Santa Cruz, logrando la extensión de la concesión y luego, cuando ésta termine, la garantía de que seguirán como operadores hasta 2027.
Con esa fórmula lograron los números de los que ahora se enorgullecen. Aumentar 70% la producción de petróleo entre 2001 y 2010, duplicar la participación en el mercado local sin comprar, hasta ahora, activos e incrementar 43% las reservas probadas. Ese acuerdo con las provincias levantó polvareda política, pero según los Bulgheroni demuestra que las inversiones llegan cuando hay certidumbre jurídica. También, dicen ellos, tienen la habilidad para operar un yacimiento antiguo como Cerro Dragón y hacerlo el mayor del país.
Las buenas relaciones políticas seguirán siendo necesarias para que se apruebe no sólo esta compra, sino la ampliación de capital de Bridas al absorber la porción de BP.
Esso parece haber encontrado quien pague un precio razonable para finalmente abandonar la Argentina. Otros hablaron de comprar, como el venezolano Hugo Chávez, cuya promesa fantasiosa de abrir 600 estaciones de servicio de Pdvsa terminó con el silencioso cierre de las únicas dos que operaron en territorio local. Como se ve, la actividad petrolera en la Argentina no es para cualquiera: hasta el bolivariano amigo de la administración Kirchner puede terminar con un vergonzoso fracaso.